Nueva York una de las ciudades más apasionantes y espectaculares en las que he estado. Me encantó desde el primer momento, cuando salí de Penn Station totalmente perdido, muerto de frío, sin internet ni idea de cómo usar el caótico metro. En cuanto me ubiqué, decidí empezar a andar hacia donde tenía mi alojamiento. En mi ingenuidad, lo que en el mapa parecían unas pocas calles, en realidad eran un par de horas andando. Hacía mucho frío, aún no me había puesto la ropa térmica y llevaba la mochila a cuestas, así que después de un rato desistí y cogí un taxi (30 bloques, 5 minutos, $13). 

En cuanto me levanté el primer día, bajé a la cafetería de la esquina a desayunar. Me pedí un baggel y un café pequeño (casi medio litro) y me los tomé junto a la ventana mientras me organizaba un poco la jornada. Había pillado la NYC pass, una tarjeta que te permite visitar casi todos los atractivos turísticos de la ciudad que te dé tiempo durante varios días. Tienen muchos paquetes y merece totalmente la pena si quieres aprovechar a tope el tiempo que estés allí. Esa mañana fui al Top of the Rock (el observatorio del rascacielos del Rockefeller Center), que tiene unas vistas espectaculares de la ciudad y especialmente de Central Park. Ese día también visité Grand Central Terminal, la catedral de Saint Patrick, el Flatiron Building, el Bryant Park (en verano es un jardín y en invierno ponen una pista de patinaje sobre hielo), el Chrysler Building, la biblioteca pública, Times Square, Roosevelt Island (cogiendo el teleférico), Central Park (un tour en bicicleta con guía) y el Empire State Building (de día y de noche).

El día siguiente amaneció granizando. Fui al museo memorial del 11-S, en el World Trade Center junto a Wall Street, y cuando acabé estaba nevando. Al salir del metro estaba todo blanco, cubierto de nieve, por lo que decidí emplear ese día viendo los museos más importantes (el de historia natural, el MET y el Guggenhein). No fui el único que tuvo esa idea, obviamente, así que estaban abarrotados, pero con la NYC pass entras rápido. No soy un gran fan de los museos, pero me gustaron bastante, especialmente el de historia natural. A la vuelta tuve que coger un taxi porque estaba cayendo una tormenta de nieve como nunca había visto antes. 

El tercer día el cielo estaba despejado pero la ciudad aún estaba cubierta de nieve. Me dirigí directamente al puente de Brooklyn. Era temprano, por lo que no había mucha gente. Nunca se me olvidará la sensación de cruzar el puente prácticamente solo, con la nieve apartada hacia los lados, el cielo azul reluciente y los rascacielos del Downtown de fondo. Llegué al otro lado del río, hasta el Manhattan Bridge, y volví. Me di una vuelta por Battery Park, City Hall Park, Stone Street y fui hasta la Estatua de la Libertad y Ellis Island (donde está el museo de la inmigración). Por la tarde fui a China Town, Little Italy, los barrios Tribeca, Soho y el Village (donde está el edificio de Friends). También visité Washington Square, el barrio de Chelsea y su famoso mercado y la High Lane. 

Los últimos días los dediqué a hacer tours en bus (tanto Uptown como Downtown, The Ride, The Tour, etc) y ver el Madame Toussad, Madison Square Park, el Radio City Music Hall, el Gantry Park de Long Island en Queens y las zonas del Bronx (con el estadio de béisbol de los Yankees), Harlem y Brooklyn (incluyendo Dumbo, Cubble Hill y Williamsburg).