TÁNGER

El verano pasado tuve dos despedidas de soltero en Cádiz, dos fines de semana consecutivos, así que entre medias decidí coger un barco en Tarifa y pasar cinco días en Tánger, Marruecos. Nunca había estado en África y sentía curiosidad, aunque Tánger es probablemente la ciudad más europea del país, puerta de entrada al continente. Es una de las ciudades más importantes de Marruecos y se está modernizando turísticamente muy rápido, aunque aún conserva el alma y el toque de la ciudad que un día fue: cosmopolita, lugar de reunión de artistas e intelectuales, confluencia entre el norte y el sur, con retales de sus épocas española, portuguesa e inglesa.

Debido a su situación geográfica, Tánger era un punto estratégico a la hora de controlar el tráfico comercial del mediterráneo y el paso entre Europa y África. Desde 1928 hasta la independencia de Marruecos en 1957, Tánger estuvo bajo control administrativo de España, Francia y Reino Unido (más tarde se unirían Portugal, Bélgica y Holanda), excepto durante la segunda Guerra Mundial, que perteneció al Protectorado Español en Marruecos, en teoría para garantizar su neutralidad. Por todo ello, Tánger se convirtió en un enclave donde coincidían diferentes culturas y pronto se llenó de artistas, actores, escritores y espías que disfrutaban del ambiente bohemio y de la libertad política y cultural de la ciudad.

Para entrar hace falta pasaporte, obviamente, ya que no pertenece a la Unión Europea, y si vas en barco, te lo sellan dentro, antes de bajar. No vas a tener problemas para comunicarte, ya que la mayoría de los marroquíes habla español y francés. Aunque estad atentos porque a veces os intentarán vender hachís o algún tour más caro de lo normal, ya que les encanta el trueque, comerciar y regatear. Es una hora menos que en España, la moneda es el Dirham (alrededor de 90 céntimos de Euro) y los precios son algo más baratos.

Durante los días de verano hace mucho calor y hay menos gente por la calle, pero al atardecer empieza el ambientillo. Además es una ciudad muy segura y apenas hay robos. Hay llamada a la oración por altavoces varias veces al día. Hay muy pocas opciones de comida vegetariana, pero tienen muy buen café y . De hecho, una de sus actividades favoritas es sentarse en una terraza a beberse algo, a veces también esnifando rapé (tabaco de aspirar), una especie de polvo negro con cafeína.

Mi visita coincidió con la fiesta del cordero (Eid al-Adha), cuando cierran casi todos los negocios; hay sangre y tripas por todos lados, con barbacoas en las esquinas y los días antes hay corderos por toda la ciudad (huele bastante). La fiesta celebra cuando Dios se le apareció a Abraham para que sacrificara un cordero en vez de su propio hijo.

Con respecto al alojamiento, yo siempre busco en Booking, Hostelsworld, Hotelcombined y Airbnb para comparar y encontrar las mejores ofertas. Yo me quedé en un Airbnb (40€ al día), un piso entero limpio y cómodo, a 20 minutos andando del centro, por la avenida Mohammed V.

Una de las mezquitas más importantes es la de Mohamed V, junto a la Catedral española. Como sucede en algunas mezquitas, los que no somos musulmanes tenemos prohibido el acceso, por lo que nos tendremos que conformar con admirarlas por fuera. La calle que la rodea desde el centro tiene muchos graffitis muy chulos.

El Gran Zoco es el centro de la ciudad, un antiguo mercado de laberínticas callejuelas repletas de puestos donde se vende casi de todo. Una bulliciosa amalgama de colores, olores y sabores. Su puerta norte da a la plaza 9 de Abril, donde se encuentran la mezquita de Sidi Bou Abid y el cine Rif. 

El nombre de esta plaza conmemora el día en que el rey Mohamed V visitó la ciudad para anunciar la independencia de Marruecos. Es el centro neurálgico de la ciudad, donde se reúnen muchos locales a tomar té, rezar en la mezquita o entrar al zoco.

Al lado de esta plaza están los Jardines Mendoubia con una higuera que tiene casi 800 años, junto al cine Alcázar (antiguo cine español ya abandonado, pegado al zoco)

Es difícil delimitar el zoco y la Medina, pues ambos se mezclan en un laberinto de callejuelas por donde es muy fácil perderse. Si subes las callecitas de la Medina llegas hasta la Kasbah, junto a la antigua cárcel y a un mirador que da al estrecho y al puerto.

En el Pequeño zoco se encuentra la Gran Mezquita, y en su parte sur encontramos el histórico Hotel Continental, junto a una de las puertas de la muralla. Si bajáis por aquí, llegaréis a la Rue de Portugal, con muchos barecillos que generan un buen ambiente por la noche, con gente jugando al parchís y a las cartas, disfrutando de las vistas al puerto y a la avenida Mohamed VI.

La avenida Mohamed V y la avenida Pasteur son dos de las principales arterias de la ciudad, repletas de hoteles, tiendas, bares y cafeterías llenos de gente. 

Al oeste del centro, rodeado por la Route de la plage Mercala, se puede llegar andando hasta un barrio muy animado y lleno de puestecillos en la calle, mercadillos, escaleras empinadas, callejuelas de paredes azules y, lo mejor de todo, sin turistas.

A media hora andando del centro hay playas enormes junto a largas avenidas, más vacías y abandonadas. Aunque las playas no son nada del otro mundo y están un poco sucias, pero al menos sirven para refrescarte con un chapuzón.

Uno de los lugares que más me gustaron de Tánger fue el Café Hafa (1921). Es un bar con una terraza escalonada que da al estrecho, donde se puede disfrutar de las vistas mientras saboreas un té (con bastante azúcar, por cierto). ¡Totalmente recomendable! Y justo al lado, antes de llegar, hay unas tumbas muy antiguas excavadas en la roca, con vistas al puerto.