Andurreando por ahí

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República Checa

PRAGA

En uno de los viajes que hice con mis padres estuvimos tres días en Praga. Tenía muchas ganas de visitar esta pequeña ciudad porque me habían hablado maravillas de ella. Y la verdad es que es preciosa: serpenteantes calles empedradas, cúpulas de iglesias que pinchan el cielo, detalles barrocos en cada esquina, estatuas que flanquean su famoso puente.

Aunque, como ocurre muchas veces cuando tienes las expectativas muy altas, tengo que reconocer que Praga me defraudó un poco, mayormente por la cantidad de gente que había. La belleza de la ciudad ha hecho que su fama crezca y con ella el número de turistas, los precios y timos. Era casi imposible pasear tranquilamente por el centro o tomar una foto sin que apareciera un grupo de asiáticos en ella. Y eso que fuimos en mayo, no me quiero ni imaginar en verano.

Pero en estos casos hay que centrarse en las cosas buenas, que Praga tiene muchas. Aparte de bonita, también destaca por su historia y la cerveza. Con herencias del Imperio Austrohúngaro y Checoslovaquia, Praga rezuma historia por los cuatro costados. Y un dato: los checos son los que más birra consumen del mundo, casi nada. Hay una gran variedad de cervezas, sobre todo tipo Pilsen. Os recomiendo las cervecerías U fleku y Hany Bany.

Nosotros fuimos en autobús desde Berlín (con Flixbus, que he usado varias veces y siempre sin problemas, además tienen precios muy asequibles) y nos alojamos con Airbnb en una habitación triple en una casa compartida en el centro, por 50€ la noche. El alojamiento en pleno centro histórico de Praga es bastante caro, así que una buena opción puede ser buscar con antelación en Airbnb o Booking un poco más lejos de la zona turística.

Con respecto a la comida, durante estos días probamos varios restaurantes, por ejemplo:

Restaurante Lokal: bueno, barato y muy típico, recomendable.

Bauman: hamburguesas, bocadillos y pizzas a precio asequible.

Restaurante Krima. Buena comida, atmósfera clásica en un sótano.

Pub John Lennon, frente al muro, muy bueno.

Algo que recomiendo siempre que se visita una ciudad es hacer un free tour los primeros días, así el resto del viaje estás mucho más informado y entiendes mejor lo que estás viendo. Nosotros en Praga hicimos uno con United World Tours: tienen tanto gratis como privados, en inglés y español. Muy recomendables. Fueron dos horas de historia, consejos y anécdotas sobre la ciudad que pasaron volando.

En la República Checa no hay Euro, sino Coronas, por lo que tendréis que cambiar el dinero en el banco o sacarlo del cajero con comisión. También hay casas de cambio, pero mucho cuidado porque os intentarán timar, como nos hicieron a nosotros, que nos robaron 50€. Un consejo: nunca deis la tarjeta y siempre comprobar la cantidad que se está firmando o que aparece en el datáfono. En casi todos los sitios aceptan Euros para pagar, pero claro, te hacen el cambio de manera que ellos salen ganando descaradamente. Al pagar con tarjeta, recuerda no hacer la conversión, sino presionar el botón del datáfono para pagar con la moneda local.

La Plaza de la Ciudad Vieja, con la torre del Ayuntamiento y el reloj astronómico del campanario, el meridiano y las iglesias de San Nicolás y de Tyn, es el centro neurálgico de Praga. Un espectáculo de contemplar, tanto de día como de noche. Probablemente, una de las plazas más bonitas de Europa.

El reloj astronómico es un icono de la ciudad y data del siglo XV. Entre otras cosas, indica la hora, el calendario o el horóscopo y además hay varias figuras que hacen un pequeño espectáculo cada hora en punto. 

La Torre de la Pólvora, del siglo XV, fue una de las puertas de la ciudad vieja y durante un tiempo se usó como almacén de pólvora. Se puede subir y disfrutar de las vistas y de una exposición de su historia por 4€. Un arco la conecta con la Casa Municipal.

El límite del centro histórico lo marca la Plaza Wenceslao, una amplia avenida de tiendas y restaurantes que lleva al imponente edificio del Museo Nacional. Justo aquí tomaron posición los tanques durante la Primavera de Praga de 1968, cuando las reformas democráticas y de descentralización del gobierno checoslovaco contra el régimen comunista obligaron a los miembros del Pacto de Varsovia a reprimir violentamente las protestas y cualquier indicio de revolución.

La Casa danzante es un edificio moderno que contrasta con las otras construcciones de alrededor de estilo gótico o barroco y que parece estar bailando. En su momento fue muy criticado, aunque finalmente parece que se ha convertido en uno de los iconos de la ciudad. Tiene un restaurante en la azotea donde podéis tomar algo mientras disfrutáis de las vistas del río con el Castillo de fondo.

El mercadillo Havelske Trziste es uno de los más antiguos de Praga, funcionando desde el siglo XIII. Venden productos locales como fruta, verdura, flores, juguetes artesanales y, por supuesto, souvenirs. Abre todos los días hasta las 7 de la tarde, por lo que puedes pasar en cualquier momento a echarle un vistazo.

Si bajas las escaleras y atraviesas un puentecito llegarás al muro de John Lennon, que se ha convertido en un símbolo de la lucha por la libertad de expresión. Cuando Lennon fue asesinado, esta pared apareció pintada con la imagen y letras del cantante, para protestar contra la represión del régimen comunista que sufría Praga en esa época. Las autoridades pintaron de blanco el muro e instalaron cámaras de seguridad, pero acabaron perdiendo la batalla contra los jóvenes que cada noche volvían a pintar letras a favor de la libertad.

Sin duda, lo más famoso de Praga es el Puente de Carlos, del siglo XIV, que conecta la ciudad vieja con el barrio Mala Strana y el Castillo. Lo mandó construir el rey Carlos para poder acceder fácilmente al centro. Tiene una torre gótica de 50 metros de alto, a la que se puede subir por 4€. El puente es espectacular, en un enclave precioso, y las vistas del río Moldava con el Castillo o la Ciudad Vieja de fondo y las 30 estatuas flanqueándolo son una maravilla. Una de esas imágenes que recordarás para siempre. La parte mala es que diariamente lo cruzan miles de turistas, abarrotando todo y haciendo difícil que puedas disfrutarlo en condiciones.

Si caminas un poco hacia el norte pasarás por la Sala de conciertos Rudolfium, hasta llegar al barrio judío, donde está la la sinagoga española (junto la estatua de Kafka) y la sinagoga Staronová, frente al antiguo cementerio judío. Y si cruzáis al otro lado del río encontraréis el Metrónomo, un parque con vistas de toda la ciudad donde los jóvenes locales quedan para hacer skate, beber y pasear.

Por último, no nos podemos olvidar de otro de los iconos de Praga, el Castillo. Del siglo IX, se trata del castillo más grande del mundo, pues su recinto abarca también la Catedral de San Vito, la Basílica de San Jorge, el Palacio Real, el Callejón del Oro y varias torres que originalmente hicieron de prisión. Debido a su situación estratégica, el Castillo se convirtió en la residencia de los reyes de Bohemia y los emperadores germánicos.

1 comentario

  1. Francisco Astorga

    Me parece fenomenal toda la información que das para tenerla en cuenta…. 👍

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