TALLÍN

Tallín me pareció una de las ciudades más bonitas de Europa, con un centro histórico muy bien cuidado, siendo Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Se conservan muchos edificios, murallas, torres, casas e iglesias de la época medieval, pero también de la ocupación soviética. Además, a lo largo del casco antiguo verás muchas placas explicando la historia de la ciudad. Me dio la impresión de estar muy viva, llena de gente joven, museos, galerías, conciertos, arte, actividades y muchas alternativas. 

Como siempre, recomiendo hacer un free tour para empaparte de la historia que explica en lo que se ha convertido la ciudad hoy día. Salen todos los días a las 12 desde la oficina de turismo.

Con respecto al alojamiento, hay muchas opciones económicas y decentes. Por ejemplo, yo me quedé en el Red Emperor Hostel (9€ la cama en dormitorio compartido de 8 personas). Estaba limpio y tenía un ambiente agradable y muy buena ubicación. Se pueden probar muchos tipos de cerveza y comida local, ya que abundan los bares, cafeterías, pubs y restaurantes. Por ejemplo, mis favoritos fueron: Porgu, Von Krahli, Hell Hunt.

Llegué en ferry desde Helsinki, que tarda un par de horas y cuesta 20€. Del puerto al centro se puede ir andando. Para moveros por el centro no vais a tener problemas porque es una ciudad pequeña que se puede recorrer a pie fácilmente. Y para ir al aeropuerto no se tarda casi nada porque es la capital europea con el aeropuerto más cercano al centro. Se puede ir en tranvía (línea 4) o bus (línea 2), tarda media hora y cuesta 2€.

Estonia es un país que a lo largo de su historia ha sufrido muchas guerras e invasiones, habiendo sido ocupada por daneses, suecos, rusos, polacos, soviéticos y nazis, entre otros. Desde el siglo XVIII hasta la Primera Guerra Mundial estuvo bajo dominio ruso. Cuando acabó la contienda, se declaró la Independencia de la República de Estonia en 1918, lo que desencadenó la Guerra de la Independencia (1918 – 1920), aunque ésta no cambió el sino del país, que se mantendría independiente hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando fue ocupado por los nazis. Al final del conflicto, fueron los soviéticos quienes tomaron el control del país (al igual que sucedió con los otros países bálticos) hasta la caída del Muro de Berlín en 1990, cuando se reinstauró la independencia de Estonia.

Una anécdota que me impresionó mucho fue que en 1989 se formó una cadena humana de 600 km y más de un millón de personas (la más larga de la historia), conectando los tres países bálticos para protestar pacíficamente contra el Pacto Molotov, que establecía la adherencia de estos países a la Unión Soviética, y luchar por una mayor autonomía.

En la época medieval había una muralla que separaba la parte alta de la ciudad, donde vivían los ricos, nobles y políticos, de la parte baja, donde vivían los artesanos, comerciantes y pueblo llano. Para atravesarla había dos puertas, conocidas como Pierna Corta (para peatones) y Pierna Larga (para carros y caballos). Aún se pueden apreciar algunos tramos, así como la torre Kiek in de Kok, de gran importancia defensiva, y es que Tallín es una de las ciudades europeas que mejor conserva la muralla y las torres medievales. 

Lo que más me gustó fue la Plaza de la Libertad, con el Monumento a la Victoria, donde alcanzaron la independencia en 1920. Si subes las escaleras, llegas a la colina Harju, donde puedes disfrutar de las vistas sobre la plaza y donde los jóvenes solían comprar discos censurados por las autoridades soviéticas.

Al lado se encuentra la iglesia de San Nicolás, del siglo XIII aunque casi destruida por los bombardeos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial, que se usa ahora también para dar conciertos y contiene un museo con el cuadro más valioso del país (La danza de la muerte), cuya entrada cuesta 5€.

Un poco más arriba está la Catedral ortodoxa Alexander Nevsky, frente al Parlamento de Estonia, es muy bonita, herencia de la ocupación rusa.

La iglesia de San Olav es el edificio más alto de la ciudad, por lo que tiene las mejores vistas desde su torre y subir solo cuesta 3€. Aunque si no quieres pagar nada también puedes subir al mirador Kohtu, desde donde las vistas son espectaculares.

El área Rotermann estaba compuesta antiguamente por varias fábricas, que ahora han convertido en tiendas, bares y restaurantes, por donde vale la pena darse una vuelta. A pocos minutos a pie desde aquí puedes llegar a Linnahall, un complejo construido por los soviéticos para los Juegos Olímpicos de Nieve y para defenderse de los finlandeses. Ahora está abandonado pero es un sitio curioso para acercarse.

El callejón Borsi es muy interesante, pues cuenta la historia del país, está escrita sobre los adoquines de forma cronológica. Está al lado de la Plaza del Ayuntamiento, que es la típica plaza enorme de las ciudades del norte de Europa, llena de bares y restaurantes, en su tiempo centro neurálgico de la ciudad.

Al otro lado de las vías del tren se encuentra el mercado Balti Joan, un conjunto de puestecillos, tiendas, bares y restaurantes. Había varias tiendas de segunda mano y varios puestos de comida local, bastante más económicos que en el centro.

Fuera del casco antiguo, en la zona de edificios modernos y centros comerciales, está el parque (en realidad es una plaza) Tammsaare, dedicado a este escritor, el más famoso de Estonia. Está justo en frente de la puerta Viru, por donde se entraba a la ciudad en la época medieval y que ahora marca el inicio del centro histórico.