BRATISLAVA

En nuestro viaje a Viena decidimos pasar un día por Bratislava, que estaba muy cerquita, a solo una hora en autobús. El centro histórico es muy pequeñito, se puede visitar en un día y es casi todo peatonal. Es tranquilo, bonito y no demasiado turístico. De hecho, la gente no habla mucho inglés, excepto en los negocios enfocados al turismo. Se habla el eslovaco, una lengua eslava occidental. En ciertos rincones se puede palpar la pobreza del país, comparado con sus países vecinos Austria o Alemania. La moneda es el euro y los precios son bastante bajos.

La historia de Eslovaquia es apasionante, ya que ha formado parte del Reino de Hungría, del Imperio Austrohúngaro y de la República de Checoslovaquia. También estuvo bajo dominio nazi durante la Segunda Guerra Mundial y bajo influencia soviética hasta el desmembramiento de la URSS. Finalmente, en 1993, se separó pacíficamente de la República Checa para formar el actual estado de Eslovaquia.

Nosotros nos quedamos en el Hotel Viktor (42€ la noche, habitación doble). Está cuidado, nuevo y limpio, aunque a media hora a pie del centro histórico, al otro lado del río (hay un bus que conecta ambas partes, por 80 céntimos). Recomendable, aunque si no te apetece caminar tanto, por un poco más de dinero te puedes alojar en el centro. Como siempre, recomiendo Booking o Airbnb.

Por la noche cenamos en el restaurante Krcma na Zelenej, la comida muy rica aunque los platos algo pequeños y no demasiado económico. Está en una callejuela cerca de la plaza central, y lo mejor fue que nos sentamos en una mesa junto a la ventana, mientras veíamos nevar afuera.

Hay sólo un mercadillo navideño, donde se pueden probar los típicos platos del país. La comida eslovaca se basa en la carne de cerdo, patata, col y productos lácteos. En el mercadillo encontrarás muchos tipos de vino caliente, licores, carnes, quesos, crepes, chocolates, dulces, etc. Se ubica en la plaza central, donde está la torre del Ayuntamiento. A ésta se puede subir y disfrutar de las mejores vistas del centro histórico (cuesta 2’5€). Detrás de esta plaza se encuentra el palacio del Primado, que también se puede visitar.

El Castillo de Bratislava es uno de sus atractivos más famosos, con vistas al río Danubio y al centro de la ciudad. Fue originalmente construido en el siglo X, albergando a los reyes húngaros durante muchos años. Quedó casi en ruinas tras la invasión de Napoleón y un incendio, pasando a reconstruirse a mediados del siglo pasado. Se accede a él caminando (unos 15 minutos desde el centro histórico), pasando por la puerta de Segismundo. El recinto es gratis, pero el museo interior cuesta unos 2€.

Uno de los edificios que más nos llamó la atención fue la Iglesia de Santa Isabel. Se llama así por la princesa Isabel, criada en el castillo de la ciudad. Se trata de una iglesia totalmente azul, construida a principios del siglo pasado por un arquitecto húngaro, de estilo Art Noveau.

La estampa más famosa de la ciudad es la Puerta de San Miguel, al final de la bonita calle Michalská. Data del siglo XIV y es la única de las cuatro puertas que se conservan para cruzar la antigua muralla que rodeaba la ciudad. Posteriormente se ha ido aumentando su altura hasta llegar a los 53 metros actuales, coronada por la estatua de San Miguel y un dragón. Dentro se encuentra el Museo de Armas Históricas.

También destacaríamos la Catedral de San Martin, del siglo XIII, enorme y de gran importancia histórica, pues en ella se coronó a los reyes húngaros durante casi trescientos años. Es la más grande del país y su interior se puede visitar todos los días, de manera gratuita.

Por último, recorriendo la Avenida Hviezdoslavovo hasta el final, entre puestecillos navideños se llega al Teatro Nacional, del siglo XIX, donde se representan obras de ópera y ballet. Cerca de ahí encontrarás la famosa escultura del hombre trabajando, saliendo de una alcantarilla.