Chicago fue mi última parada antes de volver a Lisboa, después de casi dos meses viajando por Estados Unidos. No iba con demasiadas expectativas y la verdad es que me encantó. Solo tenía un par de días y me hubiera gustado disfrutarla más tiempo, pero las sensaciones que me transmitió fueron muy positivas. La zona del Loop es espectacular, sobre todo alrededor del río, donde la arquitectura y la fuerza visual de los rascacielos me enamoraron desde el primer momento.

Antes de planear tu viaje a Chicago, tienes que tener en cuenta la época del año, ya que en invierno las temperaturas bajan de los -20º C, congelando incluso el lago Michigan. Además, Chicago es conocida como la Windy City (ciudad del viento). Por todo ello, te recomiendo visitarla entre primavera y otoño.

El alojamiento en Chicago es bastante caro, especialmente si te quieres quedar en el centro, así que recomiendo mirar Booking, Hostelworld o Airbnb con bastante antelación. Yo me quedé en el Chicago Getaway Hostel, que estaba a 20 minutillos en autobús del Downtown. Tenía desayuno incluido, una mesa de billar y estaba bastante limpio.

Para ir del aeropuerto al centro y viceversa, la mejor opción es el metro, tienes que coger la línea azul (el billete individual cuesta $5 la ida y $2,5 la vuelta). Y para moverte por la ciudad puedes comprar un bono diario que sirve tanto para el metro como para el autobús y sale por $10.

Chicago tiene muchos museos y atractivos para los que tendrás que sacar entrada, de modo que si piensas visitar varios de ellos, seguramente te convendrá sacar algún pase con el que podrás ahorrar bastante dinero. Los más comunes son el Citypass Chicago ($109) o el Chicago Explorer Pass (desde $83). Échales un vistazo a sus páginas web para ver cuál es el que más se adapta a tu viaje.

No te puedes ir de Chicago sin probar su característica pizza, que más bien parece una quiche con tomate por arriba y queso por dentro. Los restaurantes más clásicos para probarla son el Giordano’s y las pizzerías Uno y Due.

En 1871 un incendio de 3 días destruyó casi toda la ciudad, pues estaba construida mayormente de madera. Fue uno de los peores incendios de la historia de los Estados Unidos, con cientos de muertos y miles de damnificados. Sin embargo, tras esta catástrofe la ciudad supo resurgir de sus cenizas y muchos grandes arquitectos empezaron a reconstruirla hasta convertirla en lo que es hoy día, la tercera ciudad más poblada del país, tras Nueva York y Los Ángeles.

Entre los rascacielos del centro de Chicago y el Lago Michigan hay varios parques que componen la zona más visitada de la ciudad, sin duda. El más famoso es el Millennium Park y algunos de sus atractivos son:

La Crown Fountain, que más que una fuente es una pequeña plaza con dos torres con pantallas que proyectan la cara de algunos ciudadanos y de cuyas bocas salen chorros de agua. Siempre está llena de gente jugando y refrescándose.

El Pabellón Jay Pritzker, con su original diseño y donde celebran conciertos, festivales y otras actuaciones, frente a la enorme explanada de césped.

Y especialmente la Cloud Gate, conocida coloquialmente como the Bean (la Judía). Es la escultura más famosa y fotografiada de Chicago, que ha llegado a convertirse en el icono de la ciudad. En realidad, su artista no la concibió como una judía sino como una gota de mercurio líquido, aunque al final ha terminado aceptando su apodo. Pesa más de 100 toneladas y su superficie refleja todo su entorno, desde los rascacielos que la rodean hasta las nubes y el cielo, de ahí su nombre (Puerta de las Nubes).

Entre el Millennium Park y el lago está el Maggie Daley Park, un parque urbano con jardines, campos de minigolf, pistas de tenis, un rocódromo, una pista de patinaje sobre hielo que solo abre en invierno, etc. Lo que más me llamó la atención fue el puente peatonal que lo conecta con el Millennium Park, que parece una serpiente gigante.

El parque más grande de esta zona es el Grant Park, lleno de jardines enormes, esculturas, museos, pistas de béisbol, etc. Aquí se halla la Buckingham Fountain, una de las fuentes más grandes del país, donde puedes hacerte fotos muy chulas con vistas del skyline de la ciudad y donde a veces hacen espectáculos de luces y sonido con los chorros de agua.

Si te gusta el arte, en una esquina del Grant Park se encuentra el Instituto de Arte de Chicago, uno de los museos más famosos del mundo, con obras de Monet, Renoir, Cézanne, Toulouse-Lautrec, Van Gogh, Dali, Kandinsky o Picasso. La entrada cuesta 25$ y está incluida en el Citypass de Chicago.

Y justo detrás de este parque se encuentra el Field Museum, uno de los museos de historia natural más importantes de América, donde destaca el esqueleto de Tyranosaurus Rex más grande y mejor conservado del mundo, aunque la cabeza es una réplica porque la original pesaba demasiado y tuvieron que exponerla aparte. La entrada básica cuesta $22 y está incluida en el Citypass.

Un poco más al norte de estos parques se encuentra el Navy Pier (Muelle de la Armada), uno de los lugares más visitados de Chicago, donde destaca la noria a la que puedes subir y disfrutar de unas vistas privilegiadas del skyline de la ciudad, por $17. En este muelle también hay atracciones, teatros, tiendas, restaurantes y bares con mesas para tomar algo con vistas al lago y desde aquí salen algunos de los barcos turísticos que hacen un recorrido por el lago.

La parte norte de la avenida Michigan es conocida como la Magnificent Mile (la milla magnífica), pues aquí se encuentran las tiendas más caras y prestigiosas de la ciudad, entre rascacielos de oficinas. Se podría comparar con la Quinta Avenida de Nueva York o la Rodeo Drive de Los Ángeles.

Si quieres ver la ciudad desde las alturas, los dos mejores observatorios son el de la Willis Tower y el del John Hancock Center. 

La Willis Tower (antes conocida como Sears Tower), es el edificio más alto de Chicago y el segundo más alto de los Estados Unidos, con 442 metros de altura. Su observatorio tiene varias plataformas de cristal sobre las que puedes caminar y ver la ciudad literalmente a tus pies. El precio es de 23$ (incluido en el Citypass).

El John Hancock Center es el rascacielos negro con las dos antenas. Mide 344 metros y tiene una plataforma móvil llamada TILT, que se inclina varios grados hasta dejarte como suspendido sobre la ciudad. La entrada al observatorio cuesta $20,5 (está incluida en el Citypass) y si quieres usar la plataforma tendrás que pagar $7 más.

Por cierto, justo al lado está la Fourth Presbyterian Church, una iglesia con la fachada cubierta de hiedra y que llama la atención por encontrarse rodeada de altos rascacielos.

A un par de manzanas del John Hanckock Center se conserva un pedacito de la historia de Chicago. The Water Tower and Pumping Station son los dos únicos edificios a día de hoy que se mantuvieron en pie tras el gran incendio de 1871. Son los únicos supervivientes, entre los altos y modernos rascacielos, por lo que se han convertido en un símbolo de la ciudad, representando su espíritu de superación. Originalmente servían para extraer agua del lago Michigan, almacenarla y después distribuirla por la ciudad y en la actualidad albergan galerías de arte gratuitas.

El Chicago Theatre es uno de los teatros más emblemáticos de los Estados Unidos. En funcionamiento desde que abrió sus puertas en 1921, aquí han actuado los mejores artistas del país y ha celebrado los más importantes festivales de cine. En su época fue el teatro más grande de América y ahora puedes visitarlo asistiendo a algún evento o haciendo un tour guiado entre bambalinas.

El Loop es el distrito financiero de Chicago, también conocido como Downtown y es la parte situada entre el río y los parques Millennium y Grant, lleno de rascacielos y por donde el metro discurre sobre las vías elevadas. Si te gustan las películas de Batman, seguro que te suena, pues muchas escenas han sido rodadas aquí.

El Wabash Arts Corridor es una zona del Loop que ofrecieron hace algunos años a los artistas para que la llenasen de grafitis. El arte urbano se aprecia especialmente en la South Wabash Avenue (desde Van Buren Street hasta Roosevelt Road). Es una muestra de que Chicago ha apostado en los últimos años por el arte y la cultura. Por ejemplo, seguro que encontrarás muchas esculturas por las calle del centro, algunas de ellas bastante raras.

En esta zona hay un par de bibliotecas interesantes que puedes visitar, como la del Chicago Cultural Center, cuya cúpula está hecha con cristales de Tiffany, tiene vistas al Millennium Park y hacen visitas guiadas gratuitas, o el Harold Washington Library Center, un edificio imponente de ladrillo rojo con un tejado de acero verde, también con vistas chulas desde su última planta.

Pero sin duda, lo que más me gustó de Chicago fue el Riverwalk, un paseo peatonal que bordea el río en la parte del Downtown. Pasear junto al río rodeado de rascacielos altísimos es una pasada. Podrás sacar fotos espectaculares, especialmente desde el puente Dusable. Además hay varios cafés y restaurantes donde sentarte a tomar algo. 

Me llamaron la atención las torres Marina, que parecen dos mazorcas de maíz y cuyas primeras plantas están llenas de coches aparcados que parecen a punto de caerse, así como la gigantesca torre Trump y sobre todo el precioso edificio Wrigley, con su icónico reloj. 

Otra buena opción es recorrer el río con el Chicago Water Taxi. El billete para todo el día cuesta $10. También hay tours en barco que te van explicando la arquitectura y la historia de la ciudad, tanto por el río como por el lago Michigan.

En Chicago empezaba la histórica Ruta 66, que atravesaba todo el país y acababa en Santa Mónica (Los Ángeles). Eran casi 4.000 kilómetros de carretera que recorrieron millones de emigrantes a principios del siglo pasado buscando trabajo, especialmente tras el crack del 29. Aunque en 1985 fue descatalogada para ser sustituida por la Red de Autopistas Interestatales, aún puedes visitar el lugar donde empezaba oficialmente y que todavía conserva el cartel original, al comienzo de la calle Adams Street, frente al Instituto de Arte de Chicago.

Si te gustan los barrios chinos, el Chinatown de Chicago está al sur del Loop y es el segundo más grande del país. Tienen un centro comercial abierto, varios museos y memoriales e infinidad de tiendas y restaurantes chinos. Justo frente a la puerta de entrada del barrio se encuentra el Muro de los nueve dragones, hecho con azulejos de China y que es una réplica del original que hay en Pequín.

Lincoln Park es el parque más grande de Chicago, donde puedes pasear, hacer un picnic, practicar deporte o simplemente hacerte fotos junto al pequeño lago con los rascacielos del centro de la ciudad de fondo. Alberga un zoológico gratis, varias playas que dan al lago Michigan y más de 200 pistas para jugar al tenis, baloncesto o béisbol.

El Wrigley Field es el estadio de béisbol donde juegan los Cubs, el equipo de la ciudad. Puedes ir en metro o autobús desde el centro, se tarda unos 20 minutos. Está cerca de donde yo me alojaba y justo esos días jugaban un partido, así que me saqué una entrada y me acerqué a verlo. Los americanos se vuelven locos con este deporte así que, aunque no entendí mucho las reglas, me lo pasé genial porque el ambiente era espectacular, sobre todo en el bar.

Siguiendo con los deportes, el equipo de fútbol americano de Chicago son los Bears, que juegan en la NFL y su estadio es el Soldier Field, situado justo detrás del Grant Park y del Field Museum. Si tu visita coincide con algún partido, te recomiendo que vayas a verlo, porque es uno de los deportes más seguidos en América, especialmente durante la Super Bowl.

Por último, si te gusta el baloncesto, puedes acercarte al United Center, el estadio de los míticos Chicago Bulls, con la estatua de Michael Jordan en la entrada. Por cierto, aquí también se juega al hockey sobre hielo y celebran conciertos. Si no puedes ver un partido, puedes hacer una visita guiada.