Más bien, el sudeste asiático. La primera vez que pisé esta parte del planeta, fue un choque cultural impactante, para bien en casi todos los sentidos. Es tan diferente de Europa y me gustó tanto que, posiblemente, lo calificaría como el viaje más enriquecedor de mi vida. Es otro mundo, como viajar a otro planeta.

La humedad constante que se puede incluso oler. Los platos locales llenos de especias que preparan al momento en la calle. Los zumos de frutas naturales. Las playas desiertas de arena blanca y palmeras. La libertad de alquilar una moto y recorrer la costa o perderte por la selva en busca de cascadas. Plantaciones de arroz que pintan de verde las montañas. Tuk tuks horteras por doquier. Precios irrisorios. Gentes locales que te invitan a comer o a cervezas simplemente por ser europeo. Islas paradisiacas. Templos espectaculares.

Todo esto y mucho más podréis experimentar simplemente con coger un avión. Si tu bolsillo no te lo permite, entonces de momento puedes ir echando un vistazo a este blog: