Me encantó Vietnam. Desde el primer momento hasta que cogimos el avión de vuelta a Malasia. Me habían hablado mal de los vietnamitas, tachándolos de sanguijuelas y timadores, pero la experiencia me demostró todo lo contrario. Tiene unas playas y unos escenarios naturales que te dejan sin aliento. Y lo mejor de todo: el café. El mejor que he probado en mi vida (lo digo habiendo vivido en Italia). Tiene un toque a chocolate que aún se me hace la boca agua al recordarlo. Además, es uno de los países más desarrollados del sudeste asiático y notamos mucho el contraste (para bien) al venir de Laos, todo lo opuesto. Sólo estuvimos dos semanas (es lo que dura la visa de turista gratuita) y dio tiempo a ver la parte norte nada más, así que queda pendiente una segunda visita.

Da Nang

Lleguamos a dedo al centro de la ciudad y de primeras me quedé en shock. Nunca había visto tanto tráfico ni tantas motos juntas. Nadie hacía caso de los semáforos. Podías esperar horas en un paso de peatones a que te dejasen pasar, por lo que tenías que tirarte a la carretera en medio del caos y ver como los vehículos se iban parando a tu paso. No había sitio para caminar por las aceras, pues las habían convertido en un parking para motos.

Llevábamos un rato buscando alojamiento y no encontrábamos nada que bajase de 20€ la noche, hasta que dimos con Memory Hostel, en la calle Tran Quoc Toan, uno de las mejores elecciones para dormir en todo el viaje. En pleno centro y cerca de todo, nos quedamos en un dormitorio con literas que estaba vacío, es decir, entero para nosotros, y nos cobraron solo una cama a 7€. Estaba limpio, nuevo y cuidado, el staff era muy amable, hablaban inglés, tenían cerveza fresquita por 50 céntimos y unas vistas de escándalo desde la azotea. Lo recomiendo totalmente y, si no me creéis, echad un vistazo a las puntuaciones por internet.

Pero lo mejor del hotel vino cuando varios chavales del staff se ofrecieron a hacer un tour guiado por la ciudad en sus motos, llevándonos a restaurantes locales, enseñándonos platos y bebidas típicas del país y guiándonos hasta varios templos y atracciones, como un árbol enorme con cientos de años o una estatua de buda gigante que coronaba la montaña. Todo totalmente gratis y siempre con una sonrisa en la cara. Estas son las cosas que siempre recordarás de un viaje, lo que realmente merece la pena.

Uno de los atractivos de Da Nang son las montañas de mármol. Se trata de cinco montañas (cada una representa un elemento: fuego, metal, agua, tierra y madera) que contienen varias cuevas, pagodas y templos budistas. La leyenda cuenta que fueron originadas por un huevo de dragón enterrado bajo tierra por un ermitaño y que, al eclosionar, se dividió en cinco pedazos, convirtiéndose cada uno en una montaña. Realmente contienen mármol en su interior, aunque en la actualidad obviamente está prohibido extraerlo, para evitar su deterioro.

Da Nang tiene también las mejores playas de Vietnam, sobre todo si te alejas del centro 5 o 10 kilómetros dirección sur. Es donde están todos los hoteles de lujo, pero las playas están abiertas y no hay casi nadie. Recuerdo haber disfrutado de playas paradisíacas prácticamente para desiertas. También me llamó la atención el puente enorme con forma de dragón que conecta ambas partes de la ciudad.

Hoi An

Para llegar de Da Nang a Hoi An puedes coger un bus en el centro que cuesta algo menos de un euro por persona, aunque a los turistas intenten sacarles el triple. Que no te coman la cabeza con suplementos por maletas ni bobadas, te pidan lo que te pidan, di que sabes lo que cuesta y no pagues más de un euro, de lo contrario seguirás colaborando y fomentando la mafia del turismo que hay en Asia.

Hoi An es una ciudad muy pintoresca, cuidada y enfocada 100% al turismo. Me recordó mucho a Luang Prabang. Es coqueta, pero la masa de turistas y vendedores aprovechados no te deja disfrutar de esa belleza. La Old Town está llena de tiendas de souvenirs calcadas y trajes a medidas. Además, en algunas calles te cobran entrada (sí, deberás pagar por pasear por ellas), aunque siempre te puedes colar a través de algún restaurante. Pero en general, es preciosa y se deja fotografiar, siendo su mayor atractivo pasear por las calles antiguas y coloridas.

En la calle Cua Dai, saliendo del casco antiguo, hay varios bares con cerveza a 15 céntimos. No será la mejor que hayas probado en tu vida, pero por ese precio no te puedes quejar. También hay puestos de baguettes por todas partes (nuestra favorita era manteca de cacahuete con azúcar).

El alojamiento en Hoi An es bastante caro, a no ser que te alejes de la Old Town. Hay muchos albergues mochileros, aunque la mejor opción son las homestay (compartes casa con gente local y a mejor precio). Nosotros nos quedamos en Azalea Homestay, a 5 minutos andando del centro, en una habitación enorme con baño, terraza y aire acondicionado por 8€ la noche.

Cada cuatro semanas se celebra el Lantern Festival (también llamado Full Moon) y la zona del puente japonés por la noche se llena de lámparas flotando en el aire, creando un escenario único. Intenta disfrutarlo sin que los vendedores te agobien a cada paso intentando colocarte algo.

Hue

Hue es una ciudad que, a pesar de no tener demasiados atractivos turísticos, me agradó bastante, dejando innumerables fotos para el recuerdo. Está rodeada por murallas y el río Perfume, lo que hace que haya puentes y rincones para fotografiar a cada paso. Tiene restos de la guerra por todas partes y, si te alejas unos 100 kilómetros, podrás visitar los túneles Vin Mokh, donde se escondía la población durante los bombardeos.

Lo más conocido es la Ciudadela Imperial, residencia de la dinastía Nguyen, que gobernó el país desde aquí mientras fue la capital del imperio, hasta 1945. Palacios, templos, jardines, estanques, cañones y mausoleos conforman esta espectacular e histórica edificación. La entrada son unos 7€.

Otro atractivo de la ciudad es la pagoda Thien Mu, famosa por albergar el coche en el que el monje Thich Quang Duc llegó a Saigon en 1963 para prenderse fuego a sí mismo, como protesta por la persecución que en ese momento sufrían los budistas a manos del gobierno de Vietnam del Sur. Está al final de avenida paralela al río, hacia el sur. Es un paseo de una hora, pero las vistas hacen que merezca la pena hacerlo andando. Entrada gratis.

Nosotros nos alojamos en el B&B Guest House, por 6€ la noche, habitación doble privada con wifi, baño y desayuno. Está en la calle Hung Vuong, a unos minutos andando de la ciudadela. No es nada espectacular, pero la ubicación y el precio no están mal. Por esa zona puedes encontrar opciones parecidas.

Dong Hoi

En nuestra ruta a dedo, paramos en esta pequeña ciudad pesquera porque había leído que tenía unas playas espectaculares. Por el camino pasamos con el coche junto a unas dunas que prometían, pero cuál sería mi sorpresa al llegar al centro cuando descubro que las playas de Dong Hoi son las más sucias de Vietnam. La marea arrastraba consigo toda clase de desperdicios, dejándolos en la orilla. Cuando vimos a un perro muerto, en descomposición desde hacía varios días y rodeado de gusanos, decidimos seguir la ruta hacia el norte al día siguiente. Supongo que si tienes transporte y te alejas por tu cuenta, encontrarás las playas prometidas, pero desde luego las cercanas a la ciudad daban asco.

Estuvimos más de una hora para encontrar un hotel con un precio decente, por la calle Phan Chu Trinh y alrededores. No recuerdo el nombre, pero no era gran cosa. Estaba cerca de la iglesia Tam Toa, semiderruída por los bombardeos norteamericanos durante la guerra. En general, no disfruté mucho de esta parada, pero no siempre se puede acertar.

Tam Coc

Tam Coc fue uno de los lugares que más me gustó de Vietnam. Son unas formaciones kársticas (montañas to guapas) rodeadas por plantaciones de arroz, por donde serpentean riachuelos llenos de botecitos tripulados por lugareños que reman con los pies (no sé muy bien por qué, tal vez para tener libres las manos). Los paisajes son espectaculares y, si no me crees, echa un vistazo a las fotos. También hay varios templos esculpidos en las rocas y cuevas de las montañas que vale la pena visitar.

A no ser que te hospedes en uno de los resorts de lujo, la zona desde donde salen los botes es la mejor opción. Alojamiento y restaurantes baratos, justo al pie del cañón. Nosotros nos quedamos en el hostal Lang Khanh por 6€ la noche, habitación doble privada con baño. Lleva dinero porque por aquí tampoco hay cajeros.

Puedes hacer el tour por el río con la barca, es lo más cómodo y típico, aunque te sablarán cual turista inocente. También puedes recorrer la zona por tu cuenta, en bicicleta o andando, parándote cuando y donde quieras, prácticamente sin guiris a tu alrededor. Nosotros elegimos la segunda opción y nos encantó, aunque acabamos algo cansados.

Hanoi

Bienvenidos a la ciudad del caos, las estafas, la superpoblación, las motos y las falsificaciones, pero también del café de huevo, las cervezas a 30 céntimos, los mercadillos y los personajes. La capital de Vietnam está llena por todos lados de gente y tiendas, tienes que andar con mil ojos para que no te timen o te atropellen, pero precisamente es esa energía lo que hace que esta ciudad sea tan especial. En cuanto te acostumbres a su vibrante personalidad, lo que en un principio te puede chocar acabará por gustarte.

Desde aquí salen muchos tours hacia Halong Bay, posiblemente la atracción turística más famosa de Vietnam. Debes tener en cuenta que hay innumerables estafas alrededor de estas excursiones, cometidas por las agencias de viajes sin ningún pudor (precios desorbitados y paquetes que en realidad no incluyen todo lo que ofertan). No intentes buscar referencias por internet porque les cambian el nombre cada cierto tiempo. Lo mejor que puedes hacer es hablar con la gente de tu hotel y que te cuenten su experiencia. Una alternativa a Halong Bay es  la isla de Cat Ba, en la misma bahía pero mucho menos famosa.

Todos los días por la tarde noche, algunos bares del centro ponen mesitas en la calle y venden la cerveza de grifo a 30 céntimos. Está muy aguada, obviamente, pero te acostumbrarás rápido y a la tercera o cuarta caña te dará igual. Las puedes acompañar con unos cacahuetes que te servirán remojados en agua (no entendí muy bien el porqué). Enseguida se llena todo de gente, vendedores ambulantes y música, dando a las calles un ambientillo muy animado.

Lo mejor de Hanoi para mí fue, sin duda alguna, su café. Concretamente la variedad de huevo. No es tan fácil encontrarlo, sólo algunos bares del centro lo hacen (mejor dicho, sólo unos pocos entenderán a lo que te refieres). Es una maravilla, un milagro hecho bebida, algo sublime. No se puede describir con palabras, por mucho que lo intente. Cuando lo pruebes me darás la razón.

Un atractivo cultural de Hanoi es el teatro de las marionetas sobre el agua. Se trata de un espectáculo de gran trascendencia histórica, patrimonio nacional y muy famoso tanto en la capital como en Hoi An, en el que figuras de vietnamitas y animales narran leyendas folclóricas y fábulas ancestrales sobre un estanque de agua, mientras suena la típica música vientamita. Puedes verlo en varios teatros o cines del centro y la entrada cuesta unos 4€. Está curioso, aunque no es nada imperdible, en mi opinión.

Otras cosas para ver son el lago Tay Ho al norte, la pagoda Tran Quoc, el parque Thong Nhat, el mausoleo de Ho Chi Minh, la laguna Hoan Kiem, el templo de la literatura y el barrio francés. Aunque mi actividad favorita era, por supuesto, pasear por el Old Quarter (o al menos intentarlo). Ese enjambre de negocios, motos, vendedores ambulantes y turistas es un absoluto caos que te engancha y no te suelta.

Nos alojamos en el Hanoi Blues Hostel, en pleno barrio viejo (calle Luong Ngoc Quyen). La habitación doble con baño compartido por unos 10€ es de lo más barato que puedes encontrar y además incluía el desayuno y una cerveza por la noche. La terraza daba a una de las esquinas donde los fines de semana hacen un espectáculo de bailes y canciones tradicionales, con los trajes clásicos y típicos del país.