Tailandia, el país de las dos caras. Por un lado, islas paradisíacas de película, templos de budas dorados, ruinas históricas, cataratas, junglas, mercadillos, bungalows, batidos, pad-thais, sonrisas y sabatikaas. Por otro, explotación, turismo, tráfico, contaminación, basura y timos. No puedes disfrutar de una cara sin padecer la otra. Cuanto más te alejes de lo turístico, menos te engañarán, la gente dejará de intentar sacarte los cuartos por todo y podrás comprender un poco más la realidad del país, más allá de esa burbuja de playas y placer que proyectan las guías y agencias de viajes. Depende de cada uno el decantarse por una cara u otra. Yo prefiero alquilar una moto y perderme por mi cuenta antes que aceptar la oferta encorsetada y masificada de una agencia. A veces sale mejor y otras peor, pero si no lo pruebas nunca experimentarás lo que realmente significa viajar.

Krabi

Entramos a Tailandia desde Malasia por el aeropuerto de Surat Thani, y desde aquí en autobús hasta Krabi. Esta pequeña ciudad portuaria sirve de punto de partida hacia otros destinos más turísticos. Está cerca de la playa de Ao Nang, desde donde salen muchos barcos con excursiones hacia las islas más famosas de Tailandia. El camino entre altas montañas kársticas y tanta vegetación es una pasada. Krabi en sí no tiene mucha historia. Un paseo marítimo con el puerto, un par de templos y poco más, pero debido a su ubicación y a su aeropuerto, tiene bastante vidilla. De todas formas, no creo que haga falta quedarse mucho tiempo aquí, la mayoría de la gente duerme una noche o dos y tira para otra parte.

Para llegar a Raylay Bay hay que coger un bote en Ao Nang. Es una península con cuatro playas de arena blanca y agua azul cristalina, con una zona de escalada y una calle de bungalows para dormir. El alojamiento aquí (sin contar los complejos hoteleros, obviamente) no era tan caro como esperaba, aunque en las cabañas cortan la luz después del atardecer y los baños son comunes. Es lo mas parecido a las playas paradisíacas que esperaba encontrar. Las palmeras junto a la orilla, los acantilados pegados al mar, la suavidad de la arena blanca, el color azul turquesa del agua… todo idílico. La única pega es, como no podía ser de otra manera, la explotación turística: guiris por todas partes y precios abusivos. Pero en general, vale totalmente la pena echar al menos un día aquí.

Koh Lanta

En el puerto de Krabi cogimos el barco hacia Koh Lanta, donde nos esperaba nuestro primer workaway. Como explico en uno de los puntos de Ahorrar y vivir viajando, el workaway te encuentra sitios donde puedes echar una mano trabajando algunos días, a cambio de alojamiento y comida. No sólo sirve para ahorrar dinero, sino que también te pone en contacto con gente de todo el mundo y puedes aprender algo de la cultura local. Nosotros estuvimos currando unos 10 días en Klaysy House, un hostal muy hippie con bungalows, cabañas de bambú y casas en árboles, todo conectado por caminos de arena y decorado con carteles coloridos y mensajes de buen rollito.

En la zona de Long Beach hay mucha oferta de alojamiento, con bungalows a pie de playa a unos 10 euros la noche, algunos con baño privado. Es una zona bastante animada, con bares, supermercados y restaurantes a mano. Recuerdo que había un puestecillo de pancakes y pad-thais a la entrada del supermercado espectacular. Esta playa no está mal, pero si te apetece algo de tranquilidad, lo mejor es alquilarse una moto e ir a explorar la isla por tu cuenta. A mí personalmente me gustaron Klong Khong beach, Bamboo Bay y Relax beach.

También puedes visitar un par de cuevas, un faro, una reserva natural, algunas cataratas y la parte vieja de la ciudad, la Old Town, lo que antes era el núcleo económico de la isla y que ahora es una calle de tiendas y bares junto al embarcadero.

Bangkok

bangkokBangkok no me llamó demasiado la atención. Demasiado grande y caótica, con un tráfico imposible; aunque tal vez noté demasiado el cambio al venir de las islas. Está llena de grupos enormes de japoneses y los timadores abundan tras cada esquina. Verás mucho turismo sexual (para todos los gustos) y podrás degustar los saltamontes, gusanos, escarabajos y demás insectos fritos. Aunque tiene un par de calles animadas y es bastante barata para ser una capital. Nosotros encontramos un hostal en la calle mochilera de Khao San Road, a 10€ la noche, baño compartido. Pero la música de los bares se escuchaba como si estuvieses durmiendo en los servicios de una discoteca.

Puedes visitar el gran Palacio real con el templo del buda de esmeralda dentro, el templo del buda reclinado, el Wat Arun (templo del amanecer, con la gran campana dorada) o el buda gigante. También hay un par de parques y puedes darte un paseo por China Town.

En general, me pareció que había visto el mismo templo con el mismo buda cientos de veces. Al final acabas un poco harto, por lo que te recomiendo que busques algo más que ver lo típico que recomiendan las guías. Hay muchos callejones para perderse, muchos platos de comida por saborear (a veces es mejor no saber qué llevan), muchos mercadillos y personajes que observar.

Cuidado con las agencias de viaje para contratar excursiones, porque la mayoría de ellas son timos (mucho más caras de lo normal y normalmente no te dan ni la mitad de los servicios que te ofrecen). Hay mucha mafia alrededor de este negocio. Los mismos taxistas o tuktukeros te quieren llevar a la agencia del primo o del compadre que les da una comisión por llevar a turistas desprevenidos. Tampoco creáis a quienes dicen que tal hotel esta cerrado o que tal museo cierra justo ese día, porque es mentira. Lo que quieren es llevaros a otro negocio, donde ellos sacan algo a cambio. En teoría, con un poco de sentido común no deberíais tener problemas con estos timos.

Desde Bangkok salen muchos autobuses y trenes hacia el resto del país. Chiang Mai, las islas del sur, las ruinas de Ayutthaya o las de Sukhothai, son algunos de los destinos más comunes. Siempre comparad precio y preguntad opiniones a gente que haya hecho esos viajes antes de decidiros por alguno, o id directamente a la estación.

Koh Chang

koh changDecidimos dejar Bangkok e ir a Koh Chang, una de las islas del Golfo de Tailandia. No es una de las más turísticas, a pesar de ser la segunda más grande. Nos quedamos en una zona tranquila que se llama Kai Bae, donde encontramos un bungalow con baño privado a pie de playa por 10€ la noche. Está justo al lado de Lonely Beach, una zona con mucha más fiesta y actividad, además de ruido, claro. Tienes muchos bares y restaurantes en la calle principal, además de puestos de comida casera por todas partes. Por supuesto, nunca faltan las agencias de viajes y los 7Eleven.

La isla tiene muchas playas donde relajarte y no hacer nada, todas espectaculares y no demasiado masificadas. También puedes bañarte en un par de cascadas (siempre que no sea la estación seca), visitar otros de los millones de templos tailandeses y conocer un pequeño puerto antiguo de pescadores. Además, hay zonas para bucear, hacer snorkel o alquilarte una canoa.

Chiang Rai

Chiang Rai es un pequeño pueblo del norte de Tailandia, donde lo más famoso es su mercadillo nocturno (infinidad de platos para probar) y, por supuesto, el Templo Blanco. Es uno de los templos más famosos del país, por su diseño único y original, su color blanco resplandeciente (que representa la pureza de buda) y los extraños elementos decorativos que lo adornan. Para acceder a la capilla, primero tienes que pasar por un puentecito rodeado de manos de gente sufriendo y pidiendo ayuda, lo que representa que, para llegar al cielo, primero hay que pasar por el infierno.

Otro posible visita cercana es la Casa Negra, o museo Ban Daam, compuesto por 40 cabañas de color oscuro con animales disecados en el interior, que evocan el reciente pasado turbio del país. Puedes ver ambos edificios el mismo día, para percibir el contraste más claramente.

Chiang Rai está cerca del llamado triángulo dorado, una zona donde confluyen las fronteras de Tailandia, Laos y Myanmar, con el río Mekong en medio. Puedes montarte en una lancha y hacer una excursión por el río, aunque no terminé de verle la gracia a aquello.

Pai

paiPai es uno de los pueblos más animados y visitados del norte de Tailandia. Antigua cuna de mochileros y hippies, se corrió la voz y ahora está mucho más comercializado, por lo que ha perdido parte de su pureza. Aunque en algunos momentos puedes llegar a percibir la esencia de lo que fue. Hay un par de comunas con cabañas y bungalows que intentan mantener esa estética, que pueden ser una buena opción para dormir.

Tiene mucha oferta de alojamiento, y las calles principales se llenan de puestos de comida y souvenirs a casi cualquier hora. Puedes llegar desde Chiang Mai o Chiang Mai en autobús o alquilarte una moto e ir por tu cuenta (cuidado con la carretera porque conducen como locos, adelantando en las curvas junto a los acantilados).

Por los alrededores puedes visitar el gran cañón (por llamarlo de alguna manera); el poblado chino, donde se refugiaron los emigrantes que tuvieron que huir de su país tras la revolución comunista; las cascadas, si es la estación húmeda; el buda blanco gigante del templo Phratat Mae Yen, con unas vistas espectaculares dede la cima de la colina; o el puente japonés de la segunda guerra mundial (y bañarte en el río si lleva suficiente agua).

Chiang Mai

chiang maiChiang Mai es la segunda ciudad más grande de Tailandia, después de Bangkok, y suele ser visita obligatoria cuando viajas por el norte del país. A mí me encantó. Las calles del centro, dentro de las murallas, invitan a pasear y descubrir rincones mientras disfrutas de un batido de frutas. Se nota que está todo más cuidado de cara al turismo, pero aún así resulta agradable. Está todo a mano, puedes ir andando sin problemas, o alquilarte una moto un par de días para ver los alrededores. Hay muchos mercadillos para comer y el alojamiento es bastante económico. Nos alojamos en Samanmitr Hostel, en una habitación con baño privado por 5€ la noche, en pleno centro. Estaba junto a un bar vegetariano (Peppermaint) que hacía unos batidos de muerte, en la calle Ratvithi.

Puedes darte un masaje de una hora por 4€ (demasiado agresivo para mi gusto), cenar en el mercado nocturno, descansar en el parque o ir al mercadillo de los domingos por la mañana. El templo más famoso, Doi Suthep, está situado en la cima de la montaña del mismo nombre y tiene unas vistas magníficas cuando no hay niebla o polución.

Otra opción es hacer un trekking por la montaña (por tu cuenta o contratando una excursión), bañarte en el cañón al sur de la ciudad, que tiene unos lagos naturales con cascadas muy divertidos, y visitar el poblado birmano de las afueras (como yendo hacia el tempo Doi Suthep, pero pasando un poco de largo).

Si quieres hacer algo menos turístico hay una especie de reserva zoológica donde cuidan y curan animales. Hay búfalos y muchas aves, entre otros. Es un sitio muy antiguo con algunas ruinas, situado junto a un parque que forma parte de un monasterio, llamado Wat Umong. Tiene un pequeño lago dentro y una campana dorada enorme sobre unos pasadizos. Viven varios monjes, que deambulan de un lado a otro realizando pequeñas tareas.

También tiene ambiente nocturno y hay muchos bares con billares para tomarte unas cervezas. Aquí verás a algunas prostitutas jóvenes con occidentales, que suelen pasar juntos largas temporadas, una semana o un mes, por ejemplo, y no sólo les dan dinero, sino que también las visten, les compran joyas, las llevan a hoteles y restaurantes buenos, etc. Es una cara menos positiva del país, pero que nadie se preocupa por disimular, más bien al contrario; es una fuente de ingresos que en ocasiones se encargan de fomentar.