Polonia fue una experiencia inolvidable, aunque hizo un frío al que no estábamos acostumbrados. Viajamos en octubre a Breslavia, aunque también hicimos una visita express de medio día a la capital, Varsovia. Son las ciudades más importantes, junto con Cracovia, donde ya había estado unos años antes, por lo que nos la saltamos. Me encantaron la comida, la cerveza, los hoteles, la arquitectura y el arte callejero. No llegué a conectar mucho con la gente de allí, pues casi nadie hablaba inglés y no parecían muy contentos de recibir visitantes extranjeros, tal vez porque es un pueblo que ha sido invadido y maltratado muchas veces.

Breslavia

Breslavia es una ciudad universitaria rodeada por el río Odra, con estatuas de enanitos por todas partes y arte escondido tras cada esquina. Pasear por la gran Plaza del Mercado con las casas de colores de fondo es una auténtica maravilla. Nos fascinó desde el minuto uno.

Las primeras noches nos alojamos en el Hotel Piast, frente a la estación de tren, a pocos minutos andando del centro histórico. Fueron 40€ la noche por una habitación privada con baño, desayuno incluido. Si no era un 4 estrellas, poco le faltaba, porque estaba de lujo. Todo nuevo, limpio y cuidado. Totalmente recomendable. El último día nos quedamos en el Radisson Blue como regalo de cumpleaños (por ello no pondré el precio). Un absoluto lujo, todo inmejorable. La habitación era enorme y perfecta, igual que la ubicación y el staff. El alojamiento en Polonia nos sorprendió gratamente.

Un buen sitio para desayunar es Central Cafe, en Swietego Antoniego. Pedimos unos crepes con frutas del bosque, chocolate y nata que aún recuerdo. En general, me encantó la comida polaca, muy sustanciosa y con especias. Probé la sopa gulasz, los pierogis, la compota de frutas, la sopa dentro del pan (zurek) y otros platos del estilo. El restaurante que más me gustó fue Kurna Chata, en calle Odrzanska, no sólo por la comida exquisita sino también por la ambientación. Además, que no se te olvide pasarte por el Mercado Central para degustar algunos platos caseros hechos al instante.

Lo que más me llamó la atención desde el primer momento fueron los enanitos. Estatuas de pequeños gnomos pueblan toda la ciudad, distribuidos estratégicamente. No están colocados por casualidad, sino que cada uno tiene una historia detrás. El origen de estas figuras se remonta a los años 80, cuando fueron símbolo de resistencia contra el poder soviético. Muchos ciudadanos se disfrazaban de gnomo naranja para protestar contra el gobierno y luchar por sus derechos. Ahora mismo hay más de 100 enanos repartidos por la ciudad. Incluso hay una aplicación par el móvil que te los localiza y te explica un poco de su historia.

Enanos aparte, lo que más me gustó fue la Plaza del Mercado. Es enorme y una de las más antiguas de Europa (data del siglo XIII), con los laterales formados por casas de colores y en el centro una manzana de edificios entre los que destaca el Ayuntamiento, de estilo gótico. En ella hay varias cervecerías, restaurantes y tiendas. También está la oficina de turismo, por si quieres preguntar o conseguir un mapa.

En un lateral tienes la plaza de la Sal (con el edificio de la antigua Bolsa) y en el otro la iglesia de Santa Isabel, con un torreón de 80 metros al que puedes subir y disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. Junto a esta iglesia hay también dos edificios góticos unidos por un arco y conocidos como Hansel y Gretel.

Un poco más al norte, llegarás andando a través de un puente rojo a la Isla de Arena, que contiene la iglesia ortodoxa de Santa Ana. En la parte derecha de la isla está el puente Most Tumski, verde metálico, que te lleva a la catedral de San Juan Bautista. Data del siglo X, pero quedó prácticamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que tuvo que ser remodelada.

Algo interesante si te gusta la historia es el Panorama de la batalla de Raclawice. Se trata de una pintura panorámica de 360º que describe la batalla de Raclawice en la que los polacos vencieron sobre los rusos en 1794, aunque al final perdieron la guerra y el estado de Polonia desapareció durante más de un siglo.

En el mismo parque del Panorama, se encuentra el monumento a las víctimas de la masacre de Katyn, donde el ejército soviético ejecutó a más de 22.000 militares polacos con un tiro en la nuca. La escultura se compone de un ángel con alas portando una espada y de una mujer que sostiene entre sus brazos a un moribundo. Representan la muerte y la madre patria recogiendo a los soldados fusilados. El monumento es muy impactante.

Otras visitas interesantes pueden ser el jardín botánico, el cementerio judío de la calle Slezna o el parque Szczytnicki, donde encontrarás un zoo, el jardín japonés y la famosa fuente de Breslavia, entre otra cosas.