¡Me encantó Malasia! Su multiculturalidad y su comida tan picante y variada no dejan indiferente a nadie. En una misma calle puedes disfrutar de un templo budista, una mezquita y una iglesia mientras te comes un roti de banana y nutella. Tiene selva, playas espectaculares, islas paradisíacas y grandes urbes, todo en uno. Su gente es muy abierta, los precios son más que asequibles y es facilísimo hacer autoestop. No tuvimos demasiado tiempo para disfrutar el país como se merece y sólo pudimos ver la capital Kuala Lumpur y Melaka, prácticamente, pero lo poco que vimos me fascinó.

Kuala Lumpur

KL fue la ciudad por donde empezamos nuestra aventura asiática. Esta capital es enorme y tiene uno de los aeropuertos con mayor tráfico de Asia (de hecho tiene dos, uno para vuelos internos y otro para grande viajes a Europa o América). El bus desde el aerpuerto te deja normalmente en China Town, donde está la famosa calle de albergues mochileros, Petaling Street. Nos alojamos en Natalie Guesthouse. La habitación era simple y humilde, con baño compartido, pero suficiente para dormir. La calle principal del barrio chino era un mercadillo agobiante, atestado de puestecillos de comida y otros donde vendían de todo: bolsos, relojes, zapatillas, camisetas… todo de imitación y muy barato. Para desplazarte por el centro puedes coger los autobuses gratuitos color rosa y morado. También vas a encontrar multitud de surtidores de aguas por las calles, donde por unos céntimos podrás rellenar tu botella.

Lo más conocido de KL es, por supuesto, las Torres Petronas. Cuando las vimos por primera vez era de noche, y creo que así impresionan aún más. Iluminadas y altísimas, están en un barrio lujoso lleno de hoteles y centros comerciales que contrastan con el barrio chino y alrededores.

Otras cosas que ver en Kuala Lumpur son el parque Tasik Perdana, con un lago enorme dentro; el parque Buki Nanas, una mini jungla con puentes colgantes rodeados de alta vegetación; los templos budistas del barrio Little India; la mezquita nacional; el mercado central; la plaza Merdaka; la mezquita de los viernes y el barrio chino Chow Kit. Todo totalmente gratuito.

Para ir a las cuevas Batu puedes coger un tren de esos que van sobre el suelo, en la Sentral Railway Station. El billete de ida y vuelta sale por un euro y poco. Las cuevas son gratis. A la entrada, una estatua verde de un dios hindú te recibirá rodeado de monos que se pelean por un par de plátanos. En la entrada de las cuevas, la gran estatua dorada vigila las eternas escalinatas de acceso. La cueva por dentro es enorme, con una apertura en el techo al fondo que deja entrar un haz de luz que da a la sala un tono místico.

Melaka

melakaMelaka es una ciudad bonita, pintoresca y coqueta. Representa perfectamente la esencia malaya, un cruce de culturas, religiones y nacionalidades que conviven en armonía. Tiene vestigios de la época comerciante con portugueses, holandeses y chinos. En una sola calle puedes ver una iglesia católica, otra protestante, un templo hindú, otro budista y una mezquita. Un estrecho paseo paralelo al río te acompaña en casi todo momento, y al recorrerlo puedes admirar los murales y grafitis de las paredes de las casas.

El barrio chino es también atractivo, con callejuelas de casas bajas que invitan a pasear por ellas. Aunque, como casi todo en Asia, se ha acabado vendiendo al turismo. Se ha llenado de guiris en masa echado fotos a absolutamente todo, tiendas calcadas que venden souvenirs y precios europeos. Si evitas eso alejándote un poco, descubrirás la verdadera naturaleza de la ciudad. A mí me gustó especialmente el barrio indio.

La comida malaya es muy rica y más variada que otras, porque añade la cocina india, picante y vegetariana en gran medida. No dejes de probar el té indio, con un apetitoso toque a canela, ni la inmensa variedad de rotis que preparan, por ejemplo en el restaurante indio Teja.

El alojamiento en el centro es bastante caro (más de 10€ la noche por una cama en un dormitorio), por lo que aconsejamos alejarte un poco. La primera noche nos quedamos en un dormitorio del barrio chino en la que fue la peor elección de todo el viaje (Sayang Sayang Guest House, en Jalan Kampung Hulu). Era feo, sucio, caro, hacía muchísimo calor, el staff era muy antipático y para colmo me robaron el móvil mientras dormía. Así que al día siguiente seguimos buscando y nos quedamos en una habitación privada por 7€ la noche, con baño compartido pero limpio y un staff muy amable, por la zona de la plaza Mahkota .

Si quieres hacer algo original y local, puedes visitar un templo Sikh (una rama religiosa perteneciente al sijismo) que hay al final de la calle Jalan Temenggong. Lo descubrí gracias a una pareja que escribe un blog que leía desde hacía tiempo (marcandoelpolo.com). Después de meditar en la sala de oración (donde los fieles se rotan para leer en voz alta el libro sagrado durante 24 horas al día), un joven se te acerca a explicarte un poco en qué consiste su religión y te invitan a comer. No olvides ayudar a lavar los platos después y dar las gracias en todo momento.

Port Dickson

Playas de Port DicksonDespués de pasar mucho calor en Melaka, nos apetecía pasar los últimos días del viaje en la playa. En la costa Oeste de Malasia no hay playas tan buenas como en la costa Este, a no ser que subas hasta Penang. Pero no teníamos tiempo para ir a otro lado, y Port Dickson quedaba de camino al aeropuerto de KL, así que decidimos pillar aquí una habitación en un hotel con piscina, donde además nos dejaron una moto para ir a la playa. El hotel se llamaba Langit Langi y la habitación doble con baño privado y aire acondicionado salió por unos 15€ la noche, con desayuno incluido.

Este pequeño pueblo costero está lleno de grandes resorts y las playas no son nada del otro mundo, por lo que no recomiendo mucho una parada aquí, a no ser que te pille de paso en tu ruta a dedo, como fue mi caso.