Lo que más me gustó de Irlanda del Norte fueron sus paisajes: el campo verde salpicado con granjas, los acantilados junto al mar, los grises pueblos pesqueros o los valles montañosos llenos de lagos y ríos. Lógico que muchos episodios de Juego de Tronos se rodasen aquí. Visitar los escenarios que habían aparecido en la serie era una excusa perfecta y fue lo que marcó la hoja de ruta. Lo que hicimos fue alquilar un coche en Dublín y recorrer el norte en dos días, durmiendo en Belfast. Está todo muy cerca porque es un país pequeño, por lo que prácticamente nos dio tiempo a ver todo lo que queríamos.

La primera parada fue Tollymore Forest Park, un bosque que aparece varias veces a lo largo de la serie. Fue por ejemplo donde los caminantes blancos matan a un par de guardias de la noche en el primer capítulo, o donde Theon Greyjoy trata de escapar de Ramsay Bolton.

La siguiente visita fue Castle Ward, una finca enorme donde se rodó Invernalia, así como otras escenas de la serie (por ejemplo cuando Lady Brienne y el Matarreyes se enfrentan a unos vasallos de los Stark). No fue lo que nos esperábamos. De hecho, si no te dicen que eso es Invernalia, no te enteras. Los efectos especiales, la decoración y la magia del cine hicieron un buen trabajo.

Muy cerca de aquí se encuentra la abadía de Inch, junto al río Quoile, donde Rob Stark fue coronado rey y donde se celebró el funeral de Hoster Tully, en Aguasdulces. Las ruinas de la abadía están en un prado verde precioso a orillas del río y merece la pena visitarlas. Unos carteles explicativos te muestran cómo era el edificio en su mejor época, así como su importancia histórica. 

Por la noche llegamos a Belfast, donde nos quedamos en el hostal Paddy’s Palace, en un dormitorio compartido. Salió a unos 12€ por persona, desayuno incluido. Las duchas estaban sucias y la amabilidad del personal brillaba por su ausencia, pero estaba cerca del centro y era lo más barato que encontramos. No tuvimos mucho tiempo para buscar mejor alojamiento, pero no lo recomiendo.

A la mañana siguiente pillamos un mapa en el hostal y nos dimos un paseo por el centro de la ciudad. Vimos el ayuntamiento, los murales, subimos al observatorio y poco más. Teníamos claro que nuestra escapada era breve y preferimos centrarnos en la ruta de Juego de Tronos, por lo que salimos con el coche dirección al norte.

Almorzamos en el pueblecito pesquero de Cushendun, que alberga la cueva donde Melissandre dio a luz, ante un atónito Sir Davos. No pudimos encontrarla porque estaba bastante escondida y no había carteles, por lo que seguimos nuestra ruta hasta el puerto de Ballintoy, lo que en la serie eran las Islas del Hierro. Hay una pequeña cafetería local donde hacen unas tartas caseras exquisitas.

La siguiente parada fue el Castillo de Dunluce, que sirve de residencia a los Greyjoy, es decir el castillo de Pyke. Una vez más, los retoques por ordenador hicieron magia, porque en la realidad el edificio está en ruinas. Está en unos acantilados junto a la playa, pasado el pueblo Bushmills.

Se hacía de noche y no podíamos irnos sin ver la Calzada de los Gigantes (Giant’s causeway), declarado Patrimonio Cultural por la Unesco y probablemente lo más famoso de Irlanda del Norte. Mayormente es lo que viene siendo un grupo de piedras cuadradas que se han hecho famosas, por lo que ahora hay que aparcar el coche en lo alto de la colina, pagar la entrada, hacerse fotos con cientos de guiris alrededor y decir que es algo imperdible y alucinante. A mí no me lo pareció, pero para gustos los colores.

La última visita antes de volver a Dublín fue The Dark Hedges, una carretera  donde los árboles de ambos lados doblan sus troncos hasta entrelazarse, formando un techo de hojas y ramas. Es el Camino Real por donde Arya Stark escapa rumbo al Muro en la primera temporada.