Bélgica es un país pequeño, así que no deberías tener dificultad para moverte por él y ver las ciudades más importantes durante tu viaje. Aunque debes tener en cuenta que quien mucho abarca, poco aprieta. A veces es mejor pararse y disfrutar de alguna ciudad que te haya llamado especialmente la atención, en lugar de ir corriendo de un lado para otro con el ansia de verlas todas.

Las ciudades belgas están bien conectadas unas con otras por tren o autobús, aunque otra opción muy recomendable, sobre todo si sois varias personas, es alquilar un coche. Os da mayor libertad de horarios, podéis parar cuando queráis en pueblecitos desconocidos y al final os va a salir a mejor precio. Si queréis comparar compañías de alquiler de coche, un buscador muy eficaz es rentalcars. Leed muy bien todos los términos y condiciones del contrato antes de pagar nada, porque hay algunas cláusulas que os pueden sorprender (por ejemplo, la limitación de 150 kilómetros al día). Un inconveniente de alquilar el coche es que tendréis que aparcarlo (los fines de semana suele ser gratis en zona azul, pero el resto de días tendréis que pagar). Algunas ciudades tienen zonas de aparcamiento gratuitas alrededor del centro (a unos diez minutos andando), por ejemplo Brujas.

Si lo alquiláis en el aeropuerto de Charleroi, contad con que desde el aeropuerto hasta el aparcamiento donde recogeréis el coche, tendréis que coger un autobús gratuito que pasa cada media hora aproximadamente. La conexión desde el aeropuerto de Charleroi con Bruselas es bastante mala (por algo solo operan con aerolíneas de bajo coste). Puedes coger un autobús hasta la estación de tren de Charleroi y de aquí un tren hasta la capital, o directamente un autobús que te lleve a la ciudad (un poco más caro).

Bruselas

AtomiumBruselas es la capital del país y de la Unión Europea, por lo que tiene las ventajas e inconvenientes de toda gran ciudad. Los precios son algo caros, aunque tiene más oferta y si rebuscas puedes encontrar algunas gangas.

Nosotros nos hospedamos en un estudio a unos diez minutos andando del centro, Aparthotel Adagio, muy recomendable. El plato típico de Bélgica son los mejillones con patatas fritas, además de los gofres con chocolate y la cerveza, claro. Hay sitios que te sirven un menú por unos diez euros y gofres o patatas con salsa por dos o tres.

La cervecería más famosa se llama Delirium, tiene varias plantas y muchos tipos de cervezas caseras. Lo más típico para visitar es la plaza mayor, el Meneken Pis y el Atomium, mientras paseas por las calles del centro admirando los numerosos grafitis y murales, a la vez que disfrutas de un gofre o te paras a degustar alguna birra.

Hay una cosa que me sorprendió porque no me lo esperaba, y es que en Bruselas también hay un barrio rojo (es sólo una calle junto a la estación central de tren, no se puede comparar con el de Ámsterdam), donde puedes ver los escaparates con las chicas posando en ropa interior tras el cristal.

Brujas

brujasA Brujas puedes ir desde Bruselas en tren, bus o coche. Si quieres aparcar, hay una zona gratuita a unos diez minutos andando del centro, o bien un parking privado.

Este pueblecito pasó desapercibido durante mucho tiempo, antes de que llegaran los visitantes en masa, ya que desde el sigo XV se vio sumergido en una profunda crisis industrial y olvidado por los mercaderes. Pero en el siglo XX volvió a florecer gracias al turismo y ahora es uno de los destinos principales si viajas a Bélgica.

Es una ciudad muy visitada (demasiado, para mi gusto), por lo que los precios están por las nubes. El plato de mejillones con patatas fritas no baja de veinte euros. Nosotros comimos en De Beurze, en la plaza del mercado, bastante bien. El mejor pub para degustar una Brugge Zot, la única cerveza casera elaborada en la ciudad desde hace 150 años, es Le Trappiste, en un sótano situado detrás de la plaza.

Gante

ganteGante es una de las ciudades más bonitas de Europa. No tiene nada que envidiarle a Brujas y no es tan turística. También es muy fácil de llegar con tren desde Bruselas. Se encuentra a medio camino entre ambas ciudades.

Ofrece un amplio abanico de posibilidades culturales y una animada vida nocturna. Si quieres disfrutar de un buen café, OR cafe es una gran opción. El centro es precioso, con infinidad de rincones que se dejan fotografiar de maravilla. Simplemente piérdete por las calles, canales, puentes y avenidas. Es alucinante. En mi opinión, uno de los imprescindibles del país. Y eso que tuvimos que ir de noche porque teníamos poco tiempo para verlo, no quiero ni imaginar como será de día. Me quedé con esa espinita clavada, pero  bueno, ya hay excusa para volver.

Amberes

amberesAmberes significa «lanzar la mano» en referencia a la leyenda que cuenta que un gigante atemorizaba a la ciudad impidiendo el paso de la gente por el río y a quien no pagaba le cortaba la mano para lanzarla al río, hasta que un centurión romano le hizo frente y le pagó con su misma moneda, cortándole la mano y arrojándola al río.

Hay una estatua del gigante a la puerta del Castillo, junto al río, y otra del centurión en la plaza del Ayuntamiento. Aquí, por cierto, hay una oficina de turismo donde trabaja un guía español muy majo que os puede explicar un montón de cosas curiosas para ver. Junto en la esquina de la plaza hay un bar muy chulo llamado Cafe den Engel, donde sirven la cerveza local, Bolleke, y la típica cerveza blanca, Vedett White. Según el guía, el alcalde acude a diario aquí a tomar café.

Actualmente, la mayoría de obras del Museo de Bellas Artes (cerrado hasta 2019) se encuentran expuestas en la Catedral, una de las iglesias más grandes de Europa. La entrada son 6 euros. Amberes es conocida a su vez por sus diamantes, que se venden en las numerosas tiendas de alrededor de la estación de tren, que por cierto también es majestuosa y digna de ver.

Hay muchos judíos por esta zona, pertenecientes a la rama del Jasidismo, establecidos en ese barrio desde hace varios siglos, cuando Amberes tenía uno de los puertos comerciales más importantes de Europa. No os perdáis la visita a una típica casa local de la época, el número 16 del callejón Vlaeykensgang, casi oculto entre los edificios.

Malinas

malinasParamos en este pequeño pueblo porque nos caía de paso entre Amberes y el aeropuerto de Charleroi y nos sobraban varias horas antes del vuelo. No me pareció nada espectacular, pero nunca sabes con qué te pueden sorprender los lugares menos conocidos.

Me llamó la atención la catedral (la torre es enorme, y las vistas desde arriba espectaculares), la plaza principal, típica del país, y un parquecito muy coqueto junto al río. Echa un vistazo a los tejados de las casas en la plaza principal, verás que cada uno tiene un animal diferente.