VILNA

Vilna, cuyo nombre procede del río que la atraviesa (el Vilnia) es la capital de Lituania y fue la ciudad que más me gustó de los tres países bálticos. La encontré más animada, joven y divertida. Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad (al igual que ocurre en los otros dos países), es precioso y además tiene muchos parques y zonas verdes (por ejemplo, el parque Bernardine). Como siempre, recomiendo hacer free tours para conocer la historia y las curiosidades de la ciudad. Salen desde el Ayuntamiento todos los días a las 10 y a las 12.

El aeropuerto está muy cerca y solo tardas 20 minutos en llegar. Puedes ir
en tren (70 céntimos) o en bus (1€), líneas 1 u 88. Con respecto al alojamiento, hay muchas opciones baratas en el centro, puedes buscarlas en booking o hostelworld. Yo me quedé en el hostal Jimmy Jumps House, por 12€ la cama en dormitorio compartido de 6 personas. Lo recomiendo, pues estaba en pleno centro, muy limpio y con un staff muy amable que te prepara el desayuno gratis y hacen pub crawls.

La historia de este país es muy parecida a la de Estonia y Letonia. Durante varios siglos, Lituania formó una coalición con Polonia conocida como la República de las dos naciones. Posteriormente, Lituania quedó anexionada a Rusia hasta la Primera Guerra Mundial, cuando fue ocupada por Alemania. Al término de la guerra, Lituania declaró su independencia, en 1918. Aunque no duró mucho, ya que durante la Segunda Guerra Mundial, Lituania fue ocupada por los nazis. En este periodo, la población judía se redujo considerablemente. Por ejemplo, solo en Vilna pasó de 70.000 a 6.000, quedando repartida en dos guetos. Tras la guerra, Lituania quedó anexionada a la Unión Soviética hasta 1990, cuando cayó el muro de Berlín y recuperó su independencia.

A pesar de haber sido el último país báltico en convertirse, curiosamente la gran mayoría de la población es católica y es por ello que Vilnius está llena de iglesias (por algo la llaman la Roma del Báltico). Sin embargo, aún quedan restos de sus antiguas creencias. Un ejemplo es Medeinė, una deidad de la mitología lituana, representada por una hermosa mujer desnuda sobre un oso, cuyo deber era proteger el bosque. Podemos encontrar una estatua de ella en un patio situado en la calle Stikliai, poco antes de entrar en el gueto judío. 

Probablemente una de las cosas más curiosas que podemos ver en Vilna es la República de Uzupis, un barrio al otro lado del río con su propia Constitución, día de la independencia, bandera, moneda, ejército, etc. Es algo tipo Christiania en Copenague. En sus orígenes estaba lleno de mendigos y prostitutas que ocupaban las casas vacías tras el exterminio judío durante la Segunda Guerra Mundial, pero poco a poco fue convirtiéndose en hogar de artistas y bohemios. Lleno de grafitis y cafés, por todas partes se respira un aire cultural y revolucionario. En una de las calles han colgado su Constitución, traducida a muchos idiomas para que todos puedan leer sus absurdas (a veces no tanto) leyes. En el centro se encuentra una plaza con una escultura de un ángel tocando la trompeta que sale de un huevo, representando el renacer artístico del barrio.

Cerca de Uzupis se encuentra la iglesia de Santa Ana, una de las más importantes del país, de estilo gótico y construida en el siglo XV. Se dice que cuando Napoleón la vio quedó tan fascinado que se la quería llevar a París. Su exterior rojizo de ladrillos vistos llama mucho la atención. Está pegada a la Iglesia Bernardina o de San Francisco de Asís, formando un conjunto arquitectónico que vale la pena admirar.

Desde aquí puedes caminar hasta la calle de la literatura, cuyas paredes están llenas de obras de arte relacionadas con la literatura, en honor al escritor y poeta Adam Mickiewicz, que vivió aquí y cuya obra marcó el inicio del romanticismo polaco-lituano. El origen de este artista no está muy claro, pero lo que es seguro es que tuvo una enorme importancia en la literatura lituana.

Sin duda, uno de los lugares más espectaculares de la ciudad es la plaza de la Catedral, enorme y preciosa. La Catedral en sí no es muy bonita, sino más bien imponente debido a su tamaño, y me resultó curioso que su interior fue utilizado como taller mecánico durante la época soviética, ya que en este periodo muchas iglesias tuvieron otros usos, como burdeles, museos, estadios de baloncesto, etc. Frente a su puerta está el campanario, donde puedes subir por 4,5€ y disfrutar de las vistas sobre la plaza. Al lado se haya el Palacio de los Grandes Duques de Lituania, que alberga el Museo Nacional de Lituania. 

En esta plaza se encuentra también la baldosa Stebuklas (que en lituano significa Milagro) y que, según cuentan, concede deseos. Se instaló para conmemorar cuando en 1989 se formó una cadena humana de 600 km y más de un millón de personas (la más larga de la historia), conectando los tres países bálticos para protestar pacíficamente contra el Pacto Molotov, que establecía la adherencia de estos países a la Unión Soviética, y luchar por una mayor autonomía.

Junto a la plaza de la Catedral podemos ver la Torre de Gediminas sobre una colina, que formaba parte de un antiguo castillo del siglo XV. Puedes subir en ascensor o caminando por detrás, para tener las mejores vistas de la ciudad, y la entrada cuesta 5€. Detrás hay otra colina a la que se puede subir caminando gratis y que se conoce como la colina de las Tres cruces, desde donde también se puede disfrutar de unas buenas vistas.

A 10 minutos andando de esta colina, si seguimos el curso del río, llegamos a la Iglesia de San Pedro y San Pablo. Aunque haya que salir un poco del centro histórico, yo creo que vale la pena porque esta iglesia de estilo barroco, construida en el siglo XVII, tiene una ornamentación interior de color blanco espectacular. La entrada es gratuita.

Desde la Catedral puedes llegar a la plaza del Ayuntamiento siguiendo la calle Pilies y luego la calle Didžioji, que conforman la principal arteria de la ciudad. Si sigues esta ruta, en el lado oeste encontrarás los patios de la Universidad, famosos por su belleza y por los que recomiendo pasear. La Universidad contiene muchos patios de diversos estilos arquitectónicos, así como una iglesia. Un ejemplo es el patio Alumnatas, que contiene una cabeza de elefante que a su vez es una mesa de ajedrez, y desde donde se pueden ver los jardines del Palacio presidencial. 

Cerca del Ayuntamiento comienzan los dos antiguos guetos judíos, que se pueden sentir especialmente en las calles Stikliai, Gaono y Rudninku. Si te interesa esta parte de la historia, también puedes visitar el Museo de las Víctimas del Genocidio, dentro de una antigua prisión de la KGB.

La puerta de la Aurora (también conocida como puerta del Alba o del Amanecer) es uno de los monumentos religiosos e históricos más importantes de Vilna. Construida a principios del siglo XVI, formaba parte de la muralla que protegía la ciudad y es la única de las puertas que aún se conserva. Dentro hay una capilla que contiene la imagen de la Virgen de la Misericordia, que se ha convertido en un símbolo de la ciudad, venerada durante siglos y de gran importancia religiosa.

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