BERLÍN

Tal vez Berlín no tenga muchos rincones bonitos que fotografiar ni sea una ciudad estéticamente muy llamativa, pero transmite mucha energía y buenas vibraciones. Es una ciudad tan grande y con tanto que ver, que vais a necesitar mucho tiempo para disfrutarla en condiciones. Yo fui con mis padres cuatro días y coincidimos en las sobrecogedoras sensaciones que provoca a medida que te vas empapando de su turbulenta historia.

Hay dos aeropuertos en Berlín: Schonefeld y Tegel. Para ir de Shonefeld al centro la mejor opción es coger el tren Airport Express, que tarda media hora, cuesta 3’4€ y para en varios puntos del centro. Para ir de Tegel al centro hay que tomar el bus TXL Express, que tarda 40 minutos y cuesta 2’8€.

Algo que recomiendo siempre es hacer un tour gratis por la ciudad, y en el caso de Berlín no solo es recomendable sino casi obligatorio. Una ciudad con una carga histórica como la suya se asimila mejor si conoces las vicisitudes por las que tuvo que pasar para llegar a ser lo que hoy es. A continuación os dejo los sitios más importantes que ver y que a nosotros más nos gustaron.

Alexander Platz. Esta plaza es uno de los centros neurálgicos de la ciudad y en ella encontrarás, por ejemplo, el Reloj Mundial, que da las horas de todo el mundo, o la Torre de telecomunicaciones de Berlín, el edificio más alto de la ciudad con 368 metros, construida durante la Guerra Fría por los soviéticos (se puede subir por 22,5€). Originariamente, esta plaza era un mercado, donde confluían muchos trenes y tranvías y donde había un gran ambiente nocturno. Recibe este nombre en honor del zar ruso Alejandro I, que la visitó a principios del siglo XIX.

Catedral. Con sus características cúpulas verdes, es una de las iglesias
más grandes de Berlín, construida a principios del siglo pasado, aunque durante la Segunda Guerra Mundial quedó casi destruida por una bomba. Por 7€ puedes subir a la cúpula para disfrutar de las mejores vistas sobre el río y visitar el interior, que contiene la cripta con casi 100 tumbas de los miembros de la dinastía Hohenzollern. 

Isla de los museos. Situada junto a la Catedral y el Palacio Real, rodeada por el río Esprea, esta isla es un conjunto de museos que harán las delicias de los amantes de la cultura. Destacan sobre todo el museo de Pérgamo, el museo Nuevo y la antigua Galería Nacional. Incluso si no piensas entrar, solo darte un paseo por la zona merece la pena.

Parlamento (Reinchstag) y su cúpula. Este edificio que actualmente alberga el Parlamento alemán, es uno de los más importantes en la historia de Berlín. En 1933, un mes después del nombramiento de Hitler como canciller, fue víctima de un incendio intencionado (a día de hoy no se sabe con seguridad quién lo provocó) que desembocó en una oleada de violencia y odio por parte de los nazis. Durante la Segunda Guerra Mundial quedó prácticamente destruido y no fue hasta finales de siglo que se terminó la reconstrucción. Actualmente puedes hacer una visita guiada y subir gratis a la cúpula, para lo que deberás reservar online con antelación aquí.

Parque Tiergarten. Es grandísimo, lleno de jardines, riachuelos, monumentos, museos, un zoo y áreas enormes donde solo verás árboles y césped por donde pasear o montar en bici. Aquí encontrarás, por ejemplo, el monumento a Bismarck, el monumento soviético en honor a los miles de soldados rusos muertos en la batalla de Berlín y en una esquina está el Reinchstag. Además, en medio del parque se erige la Columna de la Victoria. De casi 70 metros y situada en una rotonda, fue construida a finales del siglo XIX para conmemorar las victorias de Prusia en varias guerras. Puedes subir y disfrutar de unas buenas vistas sobre el parque y la Puerta de Brandenburgo. Otros parques de los que puedes disfrutar en Berlín son: Mauerpark, Gorlitzer Park y Volkspark.

Puerta de Brandenburgo. Inaugurada en 1.791, es uno de los monumentos más conocidos de la ciudad, ligada a muchos acontecimientos históricos importantes. Separa el bulevar Unter den Linden y la calle del 17 de junio (que divide en dos el colosal parque Tiergarten). La parte superior está coronada por una escultura de bronce que representa a la diosa Victoria en un carro tirado por cuatro caballos. 

Memorial del holocausto judío. Es una cuadrícula enorme de bloques de hormigón de diferentes alturas en honor a los judíos asesinados durante el nazismo. No está muy claro el significado de este monumento y ni siquiera el propio autor ha sabido explicarlo. En un lateral se encuentra el centro de información, donde podrás enterarte de las procesos de exterminio que sufrieron las familias semitas, así como ver el nombre de todas las personas asesinadas durante el holocausto.

Topografía del terror. Es un museo al aire libre situado junto a un pedazo intacto del muro y muy cerca del Checkpoint Charlie. Aquí se ubicaba la sede de la Gestapo y las SS durante la época nazi, donde interrogaban y torturaban a los sospechosos de ir en contra del régimen. La exposición se centra en los delitos cometidos por las fuerzas de seguridad nazis así como en sus víctimas.

Checkpoint Charlie. Es el paso fronterizo más conocido durante la Guerra Fría, por donde transitaban los ciudadanos que querían pasar de una parte de Berlín a la otra, tras la construcción del muro. Muchos alemanes obtenían aquí un permiso para visitar la otra parte de la ciudad, aunque muchos otros intentaron huir engañando a los militares que controlaban este punto. No todos lo consiguieron, pues muchos fueron interceptados y asesinados en el intento. Aquí podrás ver una réplica del cartel que indicaba que estabas abandonando el sector americano, así como fotografías y textos de la época.

El Muro (East Side Gallery). Es la parte más famosa y mejor conservada del Muro, la que contiene los grafitis durante casi kilómetro y medio. Precisamente esta parte no fue destruida porque quisieron conservarla como galería artística. El grafiti más famoso es el del beso entre los líderes comunistas Honecker y Breznev, pero hay muchos más que seguro que te suenan.

Puente de Oberbaum. Este famoso puente cruza el río Esprea, conectando la parte norte y sur de la ciudad. La parte central fue dinamitada durante la Segunda Guerra Mundial para que el ejército ruso no lo cruzara y, cuando se construyó el Muro, hacía de frontera entre el Berlín Oriental y el Occidental. Tiene doble cubierta (por bajo pasan los peatones y por arriba el tren) y merece la pena atravesarlo porque, además, conecta el barrio Kreuzberg con el barrio Friedrichshain, junto al East Side Gallery.

Iglesia Kaiser Wilhelm. Está entre el barrio Charlottenburg y el parque Tiergarten. Bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, no fue reconstruida y la han intentado conservar tal y como quedó, a modo de memorial para recordar los daños provocados por la guerra. En el interior hay una pequeña exposición gratuita y en los aledaños han construido una capilla y un campanario modernos hechos con vidrieras. 

Tempelhof fue un aeropuerto muy importante en la historia de Berlín. Era uno de los aeropuertos con más tráfico del mundo. Tras la división de la ciudad en cuatro zonas, el aeropuerto pasó a manos norteamericanas. Entonces los soviéticos bloquearon las rutas terrestres hacia Berlín occidental como medida de presión, por lo que los estadounidenses se vieron obligados a realizar miles de vuelos diarios desde el aeropuerto de Tempelhof para proporcionar alimentos a todos los ciudadanos. Tras la caída del Muro, el aeropuerto empezó a generar pérdidas económicas que provocaron su clausura. Años más tarde se convirtió en uno de los parques urbanos más grandes del mundo. 

Plaza 9 noviembre (en la calle Bornholmerstrasse), donde se abrió el primer paso fronterizo entre los dos sectores tras la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, con una exposición al aire libre sobre estos hechos. 

La plaza Postdamer fue un punto comercial y cultural que quedó destrozado por la guerra y separado por el muro. En la actualidad es una zona muy transitada con edificios modernos entre los que destaca el Sony Center y su enorme cúpula que da cobijo a los bulliciosos bares y terrazas. 

La plaza Gendarmenmarkt es considerada como una de las más bonitas de la ciudad. Es del siglo XII y alberga la Sala de Conciertos de Berlín, que se encuentra franqueada a ambos lados por dos iglesias idénticas, una francesa y otra alemana. 

El barrio Kreuzberg (también llamado barrio turco por la gran comunidad turca instalada aquí) es una zona con mucho ambiente, street-art, tiendas de segunda mano o de ropa alternativa, bares con terrazas, restaurantes (sobre todo en la calle Oranienstrasse), jardines, parques y muchos grafitis. Es un barrio obrero original y no muy turístico por el que vale la pena pasear. 

El barrio Friedrichshain (también conocido como barrio punk) está lleno de cafeterías, bares y restaurantes, especialmente entre las calles Simon-Dach y Boxhagener. Aquí se encuentra la parte del Muro que forma el East Side Gallery, así como varios edificios de la época soviética (sobre todo en el bulevar Karl Mark, antes llamado bulevar Stalin). Es un barrio muy alternativo, con mucho arte callejero, okupas y música tecno, donde se han establecido los estudiantes y jóvenes en busca de alquileres baratos, lo que dota al barrio de un ambiente animado y de movida. 

El Barrio judío, justo al norte de la Catedral y Alexanderplatz. A parte del cementerio judío y las sinagogas, verás placas en la puerta de las casas con el nombre de las familias judías que vivían allí antes de que los nazis los echaran. En la calle Rosenstrasse se encuentra el monumento a las mujeres alemanas casadas con judíos que consiguieron evitar que sus maridos fuesen a los campos de concentración. Mi zona favorita fue el Hackesche Höfe, unos patios interiores llenos de grafitis, bares y puestecillos, especialmente el Dead Chicken Alley.

DRESDE

Cuando visitamos Berlín decidimos hacer una parada en nuestro camino a Praga y nos quedamos un día en Dresde, la capital de Sajonia . Es una bonita ciudad atravesada por un río y llena de iglesias, plazas, museos, teatros y palacios que admirar, especialmente en su caso antiguo, que ha sido renovado prácticamente entero después de ser arrasado por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Con un gran patrimonio histórico y cultural, recibe el sobrenombre de la Florencia del Elba.

El primer sitio que visitamos fue la Plaza del mercado (Striezelmarkt), donde probamos comida típica alemana en los puestecillos, junto a la iglesia Holy Cross (Kreuzkirche), una de las iglesias más grandes de Alemania. En esta plaza es donde en invierno ponen el mercadillo navideño.

Una de los principales atractivos de Dresde es el Zwinger. Se trata de un palacio barroco precioso con varios museos y una gran plaza central llena de jardines, semi-rodeado por un foso. La entrada al patio es gratuita pero a los museos no, aunque solo pasearse por allí es ya un privilegio que vale totalmente la pena.  

Si lo atraviesas, llegarás a la Ópera Semper, en la plaza del Teatro. Es uno de los teatros más importantes de Europa, donde compositores de la talla de Wagner y Strauss estrenaron sus óperas. Se encuentra frente a la catedral Hofkirche, una espectacular iglesia barroca atiborrada de estatuas y coronada por una torre de 83 metros de altura.

Al otro lado de la calle verás el Palacio real (Residenzschloss), que ahora es un conjunto de museos, donde destaca la Bóveda Verde y el puente que comunica con el edificio contiguo. Detrás está el Desfile de los príncipes, el mosaico de porcelana más grande del mundo. Los azulejos del mural muestran un desfile de jinetes de la dinastía Wettin, que fueron reyes que gobernaron Sajonia durante ocho siglos.

Sin duda, lo más conocido de Dresde es la iglesia Frauenkirche, en la plaza del Mercado Nuevo (Neumarkt). Esta iglesia barroca es una de las más famosas de Europa y es muy bonita tanto por fuera como el interior, cuyo acceso es gratuito. También puedes subir a la cúpula por 8€ y disfrutar de las mejores vistas del casco antiguo.

Uno de los sitios que más me gustaron fue la Terraza de Bruhl, un balcón con vistas tanto al río como al casco histórico. La foto con la iglesia Frauenkirche de fondo, rodeada de casas de colores, es preciosa.

A diez minutos caminando del centro histórico se encuentra el Grosser Garten, un parque barroco enorme, que contiene un jardín botánico, un zoo, un palacio y un lago, todo rodeado de jardines verdes. Fue diseñado originalmente como jardín de caza para uno de los príncipes de Sajonia. 

Un poco antes de entrar al casco antiguo se halla Yenidze, una antigua fábrica de tabaco que no tiene nada que ver con el estilo arquitectónico de Dresde,  ya que parece una mezquita. Por lo visto, los dueños eran turcos y quisieron darle un estilo árabe al edificio. Ahora son oficinas y hay un restaurante en la cúpula donde puedes disfrutar de unas agradables vistas.

Al otro lado del río, cruzando por el puente Augusto, la ciudad continúa, con más callecitas, restaurantes, iglesias y tiendas. Lo que más llama la atención de esta zona es, sin duda, el Kunsthofpassage. Se trata de cinco patios, cada uno con una temática artística diferente. El más llamativo es que tiene una fachada azul llena de tubos que producen música cuando circula el agua de la lluvia. Por último, nada más atravesar el puente a mano derecha hay un bar con una terraza que da al río, desde donde se pueden hacer fotos muy chulas de la ciudad.

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