Al igual que las vacunas, un seguro de viaje no es obligatorio, aunque sí recomendable. Probablemente, si no haces demasiadas tonterías no debería sucederte nada. Pero aún así, hay cosas que a veces se escapan de nuestro control.

Puedes pillar una diarrea o un virus gastrointestinal por comer algo en mal estado (en Asia no destacan por sus rigurosas medidas de higiene y conservación de la comida), te puede contagiar alguna enfermedad uno de los millones de mosquitos que rondan por allí, te puede morder algún mono gracioso al que te acerques a saludar, etcétera.

Si no tienes seguro, en algunos sitios directamente ni te atenderán y en otros te cobrarán un ojo de la cara. Todo esto se puede arreglar contratando un seguro de viaje. Al final, lo barato sale caro en estos casos, por lo que conviene invertir un poco de dinero en estos casos y ahorrarte quebraderos de cabeza después. Hay algunos muy económicos que ofrecen una cobertura básica más que suficiente y que se contratan online con un par de clicks.

En mi caso, usé el seguro de viaje durante el segundo mes, cuando recorría Laos de norte a sur. Fue un virus gastrointestinal en Van Vieng. Por suerte, la habitación del hotel donde nos alojábamos tenía cuarto de baño privado, porque pasé ahí casi más tiempo que en la cama, durante una semana. Fui al hospital, me hicieron un chequeo, me dieron unas pastillas y listo. ¿Cómo funciona? Simplemente llamas al número de teléfono de tu seguro y ellos se ponen en contacto con la clínica más cercana, pagando todos tus gastos por adelantado.